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La leyenda es una narración tradicional se sucesos fabulosos que se trasmite bien por vía ora o escrita. Puede estar escrita en verso o en prosa, con una apariencia más o menos histórica, con una cantidad variable de elementos imaginativos. La leyenda generalmente está dedicada a un personaje, a una comunidad, un monumento, tanto natural como artificial, un lugar o un acontecimiento que por su importancia quedó grabado en la memoria del pueblo, lo suficientemente para que su huella haya perdurado por años o siglos. Es una manifestación literaria común a todos los pueblos, pues es prácticamente desconocido aquel que no tenga alguna leyenda que ensalce sus orígenes, algún héroe nacional o algún hecho literario.

En un sentido etimológico, en el concepto que estamos trabajando, el DRAE dice que una leyenda es una relación de sucesos que tienen más de tradicionales o maravillosos que de históricos o verdaderos. Los procesos de trasmisión de las leyendas son muy difíciles de explicar entre los individuos de una comunidad. Siempre se ha creído que eran obras anónimas pero atribuibles a una comunidad, sin embargo José Carlos de Torres Martínez (1995: 122) afirma que la leyenda, aunque anónima, es atribuible a la creación de un individuo. En ocasiones es relativamente fácil atribuirle una fecha de inicio o una localización geográfica o histórica, aunque con el tiempo haya recibido una serie de añadidos que pueden haberla deformado dando lugar a otra totalmente o en gran parte diferente.

Julio Caro Baroja (1992) indica que la leyenda se trasmite unas veces por vía oral, otras por la escrita, en ocasiones por las dos y casi siempre el que la narra tiene su base en una lectura. En ocasiones es misteriosa la forma en que una leyenda se trasmite, más si tenemos en cuenta que, como el mismo Caro afirma más adelante, la trasmisión y el interés dominante en el ámbito campesino es distinto al del urbano. La leyenda se tiene que adaptar al medio fundamental, sea este campestre o ciudadano. A lo largo de la historia encontramos trasmisores conocidos de leyendas. Los juglares medievales son un claro exponente de lo que aquí expresamos. En tiempos modernos, otros trasmisores de leyendas, sucesores de aquellos antiguos, fueron los ciegos y tullidos, narradores de la llamada literatura de cordel, una de cuyas virtudes principales fue la de hacer llegar las leyendas al público más popular, ya fuera en cuadernillos o en pliegos de cuatro hojas.

Una vez determinado el campo de la trasmisión de las leyendas vamos a ocuparnos de la leyenda como entidad vinculante a la experiencia y a la vida. Aunque son del todo punto diferentes y por tanto no proclives a la comparación las leyendas españolas, como las de los países africanos u oceánicos, ya que nosotros nos movemos en el ámbito europeo, contando con un extenso repertorio de textos escritos en prosa, verso, etc. Igualmente no podemos hacer una división clara entre leyendas cultas y profanas. Lo escrito y lo oral se entremezclan, se interfieren, en muchos casos para mejorar, llegando a un público variopinto, que la recibe de múltiples formas: poesía, prosa, teatro, etc.    

Llegados a este extremo no podemos por menos preguntarnos: Pero ¿Qué clases de leyendas existen? Hay gran variedad en los argumentos, siendo los más famosos o numerosos los siguientes: históricos, religiosos, cosmogónicos, etc. Hay dos tipos de leyendas que, sin ser genuinamente leyendas, han dado mucho que hablar habiéndose escrito sobre ellas cantidades ingentes de textos. Estamos hablando de las llamadas leyendas negras y de las leyendas urbanas, habiendo estas últimas alcanzado gran predicamento en la Red.

La leyenda negra, más que narrar una historia o un hecho más o menos verídico, son expresión de una crítica negativa adoptada para enjuiciar a un personaje o ideología. Exponente de la primera sería la leyenda negra montada alrededor del rey Felipe II que lo muestra como un asesino, un inquisidor, saqueador y exterminador de indios americanos. De la segunda podemos reseñar la tejida sobre la Iglesia Católica, aunque ésta ha dado suficientes motivos: Persecución y exterminio de los cátaros, contra los judíos y los moriscos en España, contra los científicos (Galileo) y sobre todo por la represión tan dura y que durante tantos años ejerció por medio de la Inquisición.

La leyenda urbana es una narración de una historia incierta, pero con visos de realidad, que circula de boca en boca, por medios escritos y últimamente por Internet. Sostiene la narración una estructura lógica interna. El argumento de las leyendas urbanas se sitúa en un pasado inmediato pero impreciso, basado en informaciones más o menos fiables que confieren a la leyenda una aparente solidez. Se originan de diversas maneras, siendo algunas de ellas creadas deliberadamente para introducir alarma social, miedo o para desacreditar a una persona o institución. También pueden ser creadas por alguna persona que ha oído una historia y ha olvidado los detalles, por lo que los va recomponiendo a su gusto. Entre las leyendas urbanas más difundidas se encuentra la de los espectros que aparecen en los espejos y especialmente la de la joven que, en las carreteras solitarias y de noche, se manifiesta a los automovilistas para advertirles de la peligrosidad de alguna curva del recorrido.

En ocasiones la leyenda suele confundirse con el cuento, considerando a éste como una narración breve, generalmente inventada y hecha con fines morales o recreativos. Lo que diferencia  a la leyenda del cuento, es, como hemos visto anteriormente, que la primera se fundamenta en un hecho, aunque sea remotamente cierto, mientras que el cuento es una narración totalmente perteneciente a la fantasía del autor.

En el siguiente capítulo vamos a intentar demostrar que lo más parecido a una leyenda es un mito, tanto es así que en numerosas ocasiones se confunden los términos. Se habla indistintamente de la leyenda de los Beatles y del mítico John Lennon.

Origen y características del mito

En su acepción más común el mito es un relato  que, bajo la forma de alegoría, traduce y da vida a una generalidad histórica, socio-cultural, física o filosófica. Ofrece, bajo la forma un relato una explicación, plausible para los que lo formulan, de fenómenos naturales o evoca supuestos relatos heroicos de remotos antepasados.

El mito, al parecer inerradicable, acompaña desde los primeros tiempos a la humanidad ya que constatamos que no hay sociedad o cultura sin mitos (Pérez, 1988: 27). El mundo mítico está íntimamente ligado al mundo real, siendo perpetuado por el hombre gracias a los ritos. Hay un profunda imbricación entre mito y rito, entre la tradición sagrada y los modelos de la estructura social (Malinowski, 2005: 3). Remitiéndonos al ámbito de lo sagrado, los mitos sirven de apoyo a la clase dominante, legitimando el orden social establecido (Pérez, 1988: 29).

Como formula Mircea Eliade (2005: 1), los mitos describen las diversas maneras en que lo sagrado ha irrumpido en la vida de los hombres, ya que éste es hoy lo que es: mortal, asexuado y cultural, gracias a las intervenciones de los seres sobrenaturales como representan los mitos.

Llegados a este punto no podemos por menos de fijarnos en la palabra mitología (mythologia) como conjunto de leyendas y narraciones concernientes a los héroes legendarios de la antigüedad. Aunque en un tiempo la única mitología conocida era la de la antigua Grecia, hoy la mitología abarca a todos los pueblos arcaicos: sumerios, acadios, babilónicos, egipcios, etc.; pero después de los estudios antropológicos modernos dedicados  a los pueblos y tribus primitivos actuales, han dado a conocer al mundo occidental relatos que, por su similitud con la mitología antigua, nos permiten hablar de una mitología polinésica, africana, etc. Platón dice que la mitología pertenece al mundo de la poiesis cuyo campo de conocimiento está constituido por narraciones y relatos alrededor de seres fantásticos, dioses, semidioses y héroes. Estando todo este material al alcance tanto del mitólogo que lo formula como al de sus conciudadanos (Jesi, 2005: 2-3).


Etimológicamente la palabra mitología es una mezcla de contrarios, contraponiéndose el mito al logos. El mito contra la lógica (elocuencia). Homero presenta genialmente este dilema. Atribuye el mito a Néstor, hombre mayor con dilatada experiencia al contar historia antiguas. El logos lo emplea Odiseo (Ulises), la astucia personificada, emplea las palabras justas en el momento oportuno. A través  de la historia el logos triunfa sobre el mito. Sólo Platón, gran elocuente, volverá a aceptar el mythos para hacer más persuasivo su discurso (Jesi, 2005: 4).

Pero aunque en un principio el mito parecer ser uniforme, en su mundo no obedece a reglas fijas, se integra en un conjunto variopinto que da explicación a múltiples fenómenos pertenecientes al mundo subyacente. Por todo ello podemos hablar, siguiendo a los más recientes antropólogos, de varias clases de mitos: teogónicos, cosmogónicos, etiológicos, escatológicos y morales. Los primeros narran el origen y la historia de los dioses. Por ejemplo Afrodita (Venus) surgiendo de las olas del mar. A veces, en sociedades antiguas, los dioses no preexistían a los hombres, si no que éstos podían convertirse en dioses, en animales o en cosas. Especialmente en la mitología griega los dioses sufren como los humanos y corren aventuras paralelas a las de ellos.

Los mitos cosmogónicos intentan dar explicación a la creación del Universo. Están extendidos por el mundo y son los que existen en mayor número. El mundo en un principio fue creado por gigantes, dioses o semidioses, bien a partir de un puñado de tierra, de un guijarro, de un animal o planta. Estos dioses son los que enseñaron a los primeros hombres a cultivar la tierra, pastorear rebaños, a encender fuego, etc. Otros mitos aún más extravagantes, atribuyen todos estos hechos a la intervención de seres extraterrestres. Sin embrago muchos pueblos, de los llamados primitivos, desarrollaron un fuerte conjunto de creencias míticas que constituyeron su religión.

Los mitos etiológicos explican el origen de los seres y de las cosas. Su intención es dar una explicación a las peculiaridades del presente. A veces toman el aspecto de fábulas o pequeñas leyendas que no forman un todo coherente.

Los que intentan describir el fin del mundo son los mitos escatológicos, igualmente quieren dar una predicción plausible del futuro. En la actualidad, en este mundo occidental que nos ha tocado vivir, donde el fenómeno de la muerte y la desaparición física del individuo se quiere ocultar y se cierran los ojos a la evidencia, son los mitos más apreciados, los que cuentan con una mayor audiencia. El fin del primer milenio fue una especie de catarsis para la humanidad occidental, mientras que el final del segundo sirvió para resolver las dudas milenaristas sobre el fin del mundo.

Los mitos morales representan las luchas entre el bien y el mal, los ángeles victoriosos sobre los demonios derrotados. Los ritos inherentes a estos mitos permiten a los hombres la ocasión de comunicarse con las fuerzas sobrenaturales y de asegurarse su protección.

Como hemos visto las leyendas y los mitos contienen circunstancias concomitantes pero ambos se apoyan en una tercera pata del trípode: la tradición, ya que las dos se descansan necesariamente en la tercera, sin ella posiblemente no pudieran existir.

La tradición correa de trasmisión de leyendas y mitos

Tradición en un sentido amplio es la transmisión de padres a hijos, de noticias, historias, relatos, etc., de forma no escrita, que se van legando a través de las generaciones. La tradición nos lega experiencias existenciales de gente ya fallecida y que por sus mismas características no pueden ser objeto de descripciones documentales. A través de estos testigos se expone, en tiempo presente, algo vivido por otras personas, en tiempos ya pasados, pero que es sentido y percibido por los hombres y mujeres actuales (Matarín, 2002a).

No cabe duda de que el conocimiento que emana de la tradición oral suscita el interés de diversos campos del saber, y podríamos decir que, en general, de todas las ciencias sociales. Sucede que algunas de éstas le han prestado una atención mayor, especialmente la antropología social y las disciplinas a ella asociadas, como la etnología y la etnografía. Pero hay otras, como la historia, que progresivamente han incrementado su preocupación por el estudio de lo que se ha denominado historia oral. Ello, aunque se venía atisbando desde los años veinte, cuando nació el movimiento de los Annales, no sucedió claramente hasta los años setenta del siglo XX, cuando se dejó sentir claramente el peso de la Nueva Historia francesa (Gómez, 1999).

Tanto la vida de los individuos como la de los colectivos humanos se construye en buena medida a partir de la tradición oral. Unos y otros organizan sus vidas mediante normas, creencias y costumbres que han sido transmitidas a través de la tradición oral. Esta tradición, sin embargo, no es inmutable sino dinámica, por cuanto es parte importante de la cultura en la cual se hallan insertos los individuos y los grupos. Sin esta tradición que fluye significativamente por vía de la oralidad, complementada con la que lleva aparejada el comportamiento no verbal, los colectivos humanos se hallarían vacíos de personalidad y carecerían de la necesaria identidad (Gómez, 1999).

Para ciertos autores, la tradición se funde con cultura popular o tradicional, por lo que podemos hablar indistintamente de ambos, sabiendo que las ideas y conceptos que comprenden son semejantes. Algunos antropólogos señalan que cuando se habla de cultura tradicional se está haciendo referencia no a lo que es propio de una cultura "moderna" y "urbana",  sino que es propio de sectores "rurales", de comunidades culturalmente "atrasadas". No estoy totalmente de acuerdo, también en las ciudades se realizan actividades que con el paso de los años se convierten en tradicionales. Por tanto no podemos confundir cultura "tradicional" con cultura "rural" ni pensar que la tradición se compone de una serie de elementos estáticos, inamovibles, sino que la tradición es cambiante y está siempre recreada y renovada. Cuando un cambio determinado es admitido por la comunidad, tanto rural como urbana, y asimilado convenientemente, se convierte en tradición. La tradición puede llegar a perderse cuando una serie de factores inciden negativamente sobre la misma, aunque, de igual modo, constantemente están surgiendo fiestas que, con el paso de los años y la aceptación del público, se convierten en tradicionales.

Así pues de los tres conceptos, estudiados hasta aquí: leyenda, mito y tradición, las dos primeras no pueden preexistir sin el auxilio o ayuda de la tercera, ya que ésta, como hemos visto hasta aquí, ha existido desde siempre, aún cuando la escritura no se había inventado y la tradición oral era la única que podía preservar su cultura, sus leyendas y sus mitos, fundamentos de su primitiva religión y trasmitirlas a las generaciones futuras, como medio de pervivir en el tiempo y que su memoria no se perdiese.


BIBLIOGRAFÍA ESPECÍFICA

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