| El Carnaval |
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Lleno de luz y color, donde todo es fantasía, alegría y buen humor. El uso de vestuario poco corriente (donde la imaginación desempeña un papel importantísimo) contribuye a darle un aspecto diferente, mucho más vital, colorista y desusado con respecto a otras fiestas. La utilización de máscaras, caretas, antifaces, etc., ayudan a desempeñar mejor el papel escogido. La formación de murgas y comparsas, dan cohesión e identidad al grupo, al mismo tiempo que fortalecen las relaciones personales entre sus miembros y desarrollan valores como la solidaridad, el debate, la comprensión, el respeto, la integración, etc. En estas manifestaciones festivas se nos permite mostrar nuestros deseos, transgredir todas las normas y criticar a los poderes fácticos. Es en cierto modo, una manifestación subversiva popular contra el orden establecido, siendo el carnaval la fiesta donde más está presente este rompimiento con la permisibilidad legalmente establecida. De todos modos ya se encargan las autoridades, tanto civiles como religiosas, de vaciar de contenido la función de las celebraciones, manteniendo solamente la capa superficial. Esta celebración, como dice el profesor Pedro García Martín, conlleva una transgresión de la realidad, un tanto modificada por el aparato teatral y la parafernalia que la rodea, convirtiendo a los participantes en actores, alcanzando su cenit con la colocación del mundo al revés, aboliendo temporalmente la jerarquía y las leyes establecidas. El carnaval se asocia con la confusión, la libertad, la inversión, así como con la gula y la lujuria. Las normas que regulan la sexualidad se hacen más tolerantes durante este período, lo que ha acarreado al carnaval sus más acendradas enemistades. Igualmente, aunque a regañadientes se aceptan los excesos en la comida y bebida. El término carnaval procede del latín carnem levare o carne levare, que significa abandonar la carne, adiós a la carne, es decir comienza la abstinencia, aunque esto debería ser más propio del miércoles de Ceniza y no de los días de carnaval que son días de licencia para la carne en todos los sentidos. La semana grasa settimana grassa italiana y el martes grueso mardi gras francés abundan en la misma idea. La acepción italiana carnevale, es una incorporación moderna. El nombre tradicional castellano era carnestolendas, que ya aparece en el siglo XIII, al parecer viene de la frase latina domenica ante carnes tollendas, es decir el domingo antes de despojar las carnes, el que precede al miércoles de Ceniza antes de la Cuaresma. ORIGEN DEL CARNAVAL.Su origen se pierde en la noche de los tiempos, habiendo autores, que para estudiarlo mejor, lo separan y diferencian en un carnaval urbano y otro rural. El origen del rural se asocia a los muchos ritos agrarios que celebraban los pueblos paganos en invierno, muy relacionados con las distintas fases de la luna. Las máscaras y la alegría eran utilizadas para alejar a los espíritus malignos. Las licencias sexuales se podrían relacionar con los antiguos ritos de fecundidad de la tierra. De este carnaval, mucho más sobrio, agresivo y oscuro, por sus ritos de muerte, quedan representaciones en algunas zonas rurales, en el norte de España, Galicia (Os peliqueiros de Laza -Orense-), Navarra (Lanz), Canarias (Empolvados de La Palma y Los carneros de Frontera en la isla de El Hierro), en algunos lugares de Extremadura (Cáceres -Villanueva de la Vera- con su famoso Peropalo) y en los famosos Cencerros y diablos de Almonacid del Marquesado. El carnaval urbano hunde sus raíces en las fiestas dedicadas a Dioniso en Grecia y a Luperco y Saturno en Roma. En las fiestas dionisíacas, dedicadas a Dioniso, dios griego de la fecundidad de los campos y sobre todo de la viña y del vino, en Roma se le dio culto con el nombre de Baco, corrían el vino y los licores, la gente se pintaba, reía y se disfrazaba, acabando en verdaderas orgías. Las lupercales eran unas fiestas licenciosas que se celebraban el 15 de febrero en la ciudad de Roma, en honor de Luperco, el dios Pan, protector de la ganadería y de la agricultura y que tenía un templo en el monte Palatino. Las saturnales eran unas fiestas que se celebraban en Roma, estando dedicadas al dios Saturno, protector de las siembras. Aunque al principio duraba un solo día, el diecisiete de diciembre, el emperador Augusto las amplio a tres días y Calígula le añadió el cuarto, siendo Domiciano quién las fijó en una semana. En esos días se intercambiaban regalos y se celebraban ferias callejeras, siendo días festivos para toda la sociedad, los niños no iban a la escuela, se otorgaban indultos, etc. En estos aspectos eran más semejantes a nuestra Navidad. Es la permisiva licencia que se permitía en esos días lo que le asemeja más al carnaval. Los de Tenerife y Las Palmas estarían más en esa línea. El uso de máscaras y la explosión de alegría tienen en la actualidad un significado muy distinto al que tenía en otras épocas, donde no eran símbolos de relajación moral y de una cierta evasión, sino que la utilizaban para conjurar los espíritus dañinos y perjudiciales. Con la llegada del cristianismo se fue perdiendo la significación mágica y simbólica de la fiesta pero sobrevivieron las prácticas, amparadas incluso, por el bajo clero medieval que cobijó en la iglesia misma, a fiestas populares tales como la del Asno y la de los Locos. Algunos antropólogos, en la línea de Caro Baroja, afirman que el carnaval, nuestro carnaval, quiérase o no, es un hijo, aunque sea pródigo, del cristianismo; mejor dicho, sin la idea de la cuaresma, no existiría en la forma concreta en que ha existido desde fechas oscuras de la Edad Media. Gutiérrez Estévez dice que si bien algunas celebraciones precristianas se consideran como antecedentes históricos del carnaval, entre ellas las saturnales o las lupercales, su sentido en la sociedad medieval y moderna solo puede entenderse considerándolos en contraposición al período ritual que le sigue, el de la Cuaresma. El combate de don Carnal y de doña Cuaresma, es desde esta perspectiva, el drama ritual que sintetiza la concepción popular sobre algunos temas centrales para el cristianismo europeo; es en este contexto moral en el que debe insertarse la significación social de los carnavales. Es muy difícil delimitar el comienzo y finalización del carnaval, no habiendo unanimidad en la fijación de las fechas. Hay quien dice que empieza el día de San Esteban (26 de diciembre), otros el uno de enero o el seis del mismo mes (fiesta de la Epifanía), en algunas ciudades se adopta el día de San Antonio Abad (desde San Antón máscaras son), en otras regiones el dos de febrero, día de la Candelaria, al parecer dependen las fechas del comienzo de las costumbres o tradiciones de las regiones o pueblos que lo celebran. Aunque lo más aceptado es el domingo de Quincuagésima para el comienzo y el domingo de Piñata para el final. Estas fechas sufren algunas modificaciones por intereses económicos, festivos, etc. Es por tanto una fiesta variable sin día fijo en el calendario ya que, como dice Luján, depende del inicio de la Cuaresma y estar vinculado el principio de ésta a la fecha de la fiesta de Pascua de Resurrección... - Que en el Concilio de Nicea se convierte en clave de nuestro calendario - se colocó en el primer domingo posterior al plenilunio que sigue al equinoccio de primavera. En sentido más amplio, algunos antropólogos como Estévez consideran que el carnaval, más que una fiesta, es un ciclo festivo, pues no sólo proporciona un contenido culturalmente definido a un período natural del año, el del invierno, al que simboliza y expresa, sino que también da sentido a otras celebraciones rituales (Cuaresma y Semana Santa) a las que se opone en su sentido global y en sus manifestaciones particulares. Los carnavales no son solamente una ritualización de las diferencias con la vida cotidiana, sino también con el período de la Cuaresma. PROBLEMÁTICA DEL CARNAVAL. La evolución del carnaval ha ido pareja a sus prohibiciones. En la Edad Media, los obispos denunciaron los excesos e irreverencias de éste sobre todo en los sermones. Fue prohibido por Carlos V (1523), Felipe V (1716, 1717 y 1745), Carlos IV (1797) y los primeros Borbones, sólo Carlos III, debido a su espíritu ilustrado, reglamentó algunos de sus aspectos. Posteriormente, por todos es conocida la fuerte prohibición que esta fiesta sufrió durante la dictadura franquista. Con la guerra civil (1936-1939) el carnaval sufre un golpe fatal. Las autoridades militares del bando sublevado, que no era muy proclives a la celebración de la fiesta, excusándose en las necesidades guerreras, publican una orden en el B.O.E. de 5 de febrero de 1937 aconsejando su retraimiento de la alegría externa. Se esperaba que esta prohibición fuera transitoria, pero las esperanzas se acabaron en 1940, cuando se publicó en el B.O.E. del 13 de enero, la prohibición tajante de celebrar el carnaval recordando a las autoridades dependientes del Ministerio de la Gobernación la prohibición absoluta de la celebración de tales fiestas.En años posteriores, por medio de circulares, se recordaba periódicamente dicha prohibición, que repercutió negativamente en la celebración de la fiesta. Si bien hubo personas en diversos pueblos que celebraron los carnavales clandestinamente, desafiando la prohibición, a expensas de sufrir una fuerte multa o de dar con sus huesos en la cárcel, los muchos años de represión hicieron que poco a poco se fueran olvidando. Con la llegada de la democracia el carnaval eclosiona, resurge con una fuerza inusitada, pero ya no tan espontáneo como fue antaño, más bien propiciado por las autoridades locales y organizado por peñas y asociaciones culturales que coordinan festivales y concursos, estableciendo reglas para su participación, que, en nuestra opinión, es lo más contrario al espíritu del carnaval, que si por algo se ha caracterizado es por la carencia absoluta de reglas, basado siempre en la espontaneidad y la improvisación. Carente pues de un referente cultural, en demasiadas ocasiones se ha adoptado una forma foránea de celebrar el carnaval, adulterando los principios por los que se regía la fiesta, como ocurre en nuestra capital, cuyo concurso en el teatro Cervantes primero y en el auditorio maestro Padilla después, es un pálido reflejo del carnaval gaditano. Sin ánimo de criticar hemos de constatar el afán mimético de alguno de los responsables que, en años pasados, en un ánimo emulador establecieron la fiesta de la jaba como un remedo de la popular erizada gaditana. Todo el carnaval ha quedado en un mero concurso. Concurso de carteles anunciadores de la fiesta, concurso de máscaras y disfraces, de murgas y comparsas, de grupos heterogéneos, etc. Concursos que, en la mayoría de las ocasiones, solamente sirven para acrecentar la rivalidad entre los grupos y las rencillas personales, estando a tiempo, en momentos muy puntuales, de llegar a las manos. El concurso estuvo a punto de acabar con el carnaval del Andarax que se escindió en dos festivales distintos, acabando después de la reunificación en una sola muestra, donde se expone el trabajo de las murgas y comparsas de los ríos Andarax y Nacimiento. Se han celebrado concursos de carnaval en años pasados en Roquetas, Abla, Berja, Tabernas, Vícar, La Mojonera, Olula del Río, Tíjola, El Ejido, Purchena, Albox y en otras numerosas localidades. En algunas ya han dejado de hacerlo, surgiendo por el contrario en otras. Previos a los concursos o ajenos a ellos se celebran desfiles de carnaval con participación de máscaras solitarias o formando parte de grupos como ocurre en Tíjola, Berja, Vera, Macael, Pulpí, etc.Como se ve la fiesta va sufriendo poco a poco un cierto deterioro que se traduce en una recesión en la participación espontánea de la ciudadanía. Es posible que en esta fase de libertad democrática, se necesite mucho menos un período de liberación, como el que representa el carnaval. Esto, junto con la inflexibilidad que se le ha dado en los concursos y el control que sobre él ejercen las distintas administraciones, preferentemente la local, ha contribuido al declive progresivo de la fiesta, sin olvidar, como dice Julia Abad el carácter festivo y colorista que está adquiriendo la Semana Santa, que ha perdido mucho de la rigidez, abstinencia y espíritu de sacrificio que le caracterizaba, ya que los dos festejos son contrapuestos, pero complementarios. EL CARNAVAL EN ALMERÍA.Centrándonos en lo que es el eje de este trabajo, que no es otro que la celebración del carnaval en la provincia de Almería, hemos de comenzar diciendo que es un trabajo muy interesante, pero por ende muy difícil, ya que la sequía de estudios sobre el mismo es abrumadora, prácticamente no hay nada hecho, salvo cuatro pinceladas en los periódicos locales cuando llega la fiesta y algún apunte en libros que tratan sobre etnografía y folklore local: Turre, Alboloduy, etc. Hemos tenido que recurrir a los recuerdos de personas mayores que nos han contado sus vivencias de aquellos tiempos en que el carnaval era simplemente tolerado en años anteriores a la República o ferozmente perseguido en años posteriores a la Guerra Civil. Las máscaras.Podemos pues decir que el carnaval de Almería, al igual que el de otras provincias y regiones, ha sido a lo largo de su historia eminentemente popular, enraizado en las entrañas del pueblo, que ha luchado duramente, aún en los tiempos más difíciles, por su conservación. Los almerienses para divertirse en carnaval se han disfrazado de máscara o participado en murgas o comparsas. ¿Qué es una máscara? Esencialmente consiste en disfrazarse de manera extraña. Para ello no duda en cubrirse con trapos viejos, deformando su silueta y tapándose la cara. Recorre las calles en grupos o en solitario, de cualquier manera, siempre disimulando su voz para no ser reconocido. Para vestirse de máscara no existe ninguna reglamentación, todo está permitido, se puede usar cualquier material, todo depende de la imaginación y la habilidad del disfrazado, el requisito fundamental es no ser reconocido. En algunos lugares estas máscaras arrastran latas para hacer ruido y hacer notar su presencia por las calles del pueblo. Las máscaras son los elementos del carnaval más perseguidos ya que, según contaban las historias antiguas, el hecho de ir con la cara tapada, daba pie a cometer ciertos abusos que no hubieran hecho de ir a cara descubierta. Se habla de ajustes de cuentas, robos, agresiones sexuales, etc. naturalmente estas historias eran agrandadas conforme pasaban de boca en boca y propagadas por el stablishment que no veía con buenos ojos tanta permisibilidad en esos días. Lo curioso es que eran las mujeres las que, mayoritariamente, se disfrazaban de máscaras, para poder participar en otros tipos de manifestaciones que, en condiciones normales y más si estaban casadas, no les permitían intervenir. En Cuevas de Almanzora las máscaras cascaban en la cabeza de los espectadores cascarones de huevos vacíos y rellenos de papelillos de colores. En la actualidad y en ciertos municipios de nuestra provincia, las máscaras no solamente comienzan a escasear, es que han desaparecido, como ocurre en algunos pueblos del Andarax. Las máscaras de carnaval tienen un origen religioso-mágico. En Roma, al celebrar las fiestas saturnales y las de Baco, para preservarse de los malos espíritus, se disfrazaban con el color blanco de la muerte, tapándose el rostro con una máscara. Usado el disfraz durante siglos, fue importado de Italia durante los siglos XV y XVI, teniendo sus días contados debido, más que a la desidia de la gente, a la despoblación galopante que está vaciando nuestros pueblos ocasionando que solamente se viva el fin de semana, vegetando durante el resto como pueblos fantasmas. Las murgas.Cuando un grupo de personas, casi siempre hombres, se juntaban disfrazados de una manera similar, para parodiar, caricaturizar y criticar con sus letras aquellos eventos políticos, religiosos o del corazón, así como cualquier otro acontecimiento de índole local que hubiera causado cierto impacto a la población, formaban una murga. Recuerdo que en los años lejanos de mi niñez en Canjáyar, allá por los años cincuenta, salió a la calle una murga de hombres vestidos de bandoleros de Sierra Morena, no recuerdo que iban cantando, pero veo, como si lo tuviera delante, a su guía que marchaba delante de la murga. Era un hombre grande, herrero de profesión, que periódicamente arrojaba al aire un gran bastón con el que dirigía al grupo, lo recogía al vuelo, con un grueso y negro dedo que, metiendo la mano por su cintura, lo sacaba por la bragueta, con el consiguiente regocijo de unos y la queja mojigata de otros. No habían recorrido dos calles cuando fueron rodeados por la Guardia Civil y conducidos a la cárcel, con el consiguiente susto para toda la chiquillería que, regocijada, seguíamos a los bandoleros. En Alboloduy, por los años treinta, eran frecuentes los grupos carnavaleros llamados collás, que representaban las labores del campo. Unos iban vestidos de agricultores, otros hacían de caballerías uncidos al ubio, mientras que el resto cavaban y hacían los cornijales por las calles del pueblo, arremetiendo contra los espectadores especialmente si eran mujeres jóvenes. En ciertas ocasiones la parodia no necesitaba letra, pues en sí misma era portadora de un fuerte sentido político y anticlerical haciendo hincapié en la fuerte estratificación social y la profunda grieta política que dividía en aquellos días la población. En 1934 hizo su aparición una murga por las calles de Alboloduy, al frente iba un hombre con hábito de fraile llevando una lata con carbones encendidos a modo de incensario, le seguía un portaestandarte y detrás dos filas de murguistas vestidos de curas, cerraba el cortejo procesional u grupo de cuatro hombres vestidos con túnicas negras llevando a hombros sobre una mesa, que hacía de trono, a un muchacho amarrado a una cruz, llevando por corona un panero de esparto de los que servían para hacer viento y encender las brasas en la chimenea. La murga expresaba en silencio toda su carga de anticlericalismo y su inconformidad con las autoridades, tanto religiosas, a las que parodiaban, como a las civiles, que ya les habían advertido que si salían darían con sus huesos en la cárcel, como así ocurrió, que al llegar a la plaza de Abajo, estaba el alcalde esperando con el municipal, los guardas de la vega y la Guardia Civil. Esa noche durmieron todos en la cárcel, sólo se escapó el que abría el cortejo, que al ver lo que se preparaba en la plaza, pudo huir por la calle de los Sorianos y refugiarse en el cerro del Gamonal. El tiempo pasa inexorable, han transcurrido sesenta y seis años, somos más tolerantes y nuestra carga de intransigencia es menor, esto viene a cuento porque en el carnaval del año 2000 un grupo de jóvenes imitaron una procesión de Semana Santa con una Rosaura como imagen y el capataz a la cabeza. No solamente no levantó indignación entre los asistentes al baile de carnaval donde llevaron la procesión, sino que la ovación que le otorgaron al entrar fue la más fuerte que se dio esa noche. Pero igualmente el pueblo llano manifestaba su protesta en las letras que cantaba. De aquellos años turbulentos de la II República es la letra que cantaba una murga que comenzaba: Cuando un obrero pide pan para sus hijos se le contesta con la metralla y si algunos saben defender bien sus derechos se les encarcela y se les maltrata. La copla acababa con la siguiente estrofa: Todos protegen al cacique y al que tiene capital que son los culpables, que nos explotan la conciencia y el jornal. Estamos de acuerdo con Julia Abad cuando dice que estas murgas han sufrido numerosas transformaciones en los últimos tiempos, siendo quizás la más importante la incorporación de la mujer con pleno derecho, también, como consecuencia del aumento del nivel de vida, ha aumentado la fantasía y riqueza en el vestuario, igualmente ha variado la instrumentación con la incorporación de pitos carnavaleros, guitarras, bombo y demás instrumentos, similares a los que utilizan las chirigotas de Cádiz a las que intentan imitar. Al final de los años ochenta y principio de los noventa descollaron las murgas de Santa Fe, Ohanes, Gádor y Fondón. Las comparsas.El segundo grupo organizado corresponde a la comparsa, compuesta en un principio sólo por mujeres, acompañadas siempre por la banda de música de la localidad, cantaban al son de pasodobles, pasacalles y otros aires populares a los que ponían letras alusivas al sexo, a la política o a algún hecho o tema de actualidad. Son muchas las personas que en los pueblos de nuestra provincia recuerdan el paso de las comparsas por las calles cantando sus canciones. En Turre, según cuenta Juan Grima, salieron en los años treinta comparsas disfrazadas de zarzueleras y de bandoleras, como ocurrió en Alboloduy, aunque la de este pueblo hacía referencia a José María el Tempranillo y la de aquel al Capitán Juan Granados. En la comarca del río Andarax han sido famosas las comparsas de Huécija, Instinción e Illar. A finales de los años ochenta hizo su aparición la comparsa de Los Acelgueros del pueblo de Alboloduy, que participó varios años en los concursos del teatro Cervantes obteniendo siempre el primer premio de la modalidad en que se presentó. La irrupción de Los Acelgueros en el carnaval de Almería produjo un cambio significativo en las comparsas tradicionales, como fue la incorporación de hombres a la misma, mayor fantasía en el vestuario y un aumento de la coreografía. A partir de entonces las comparsas dejaron de actuar de espaldas al público y lo hicieron dando la cara. Arrastró gran admiración hacia ella quedando reflejada en la prensa de la época. Como muestra reproducimos unas líneas escritas por Juan Torrijos en la Voz de Almería, refiriéndose a la actuación de la comparsa en el carnaval de 1989: Y llegó Alboloduy. Y con él, ese carnaval de fantasía, ese espectáculo de luz, música, color, picardía, belleza. El escenario se llenó. Estuvisteis fenomenales. ¡Que es distinto! ¡Y tanto! Es la forma de entender el carnaval en el río Andarax, y que tenemos que potenciarlo. Concurso de carnaval.Al advenimiento de la democracia se intenta recuperar el carnaval de Almería, centrándose todas las fuerzas en montar un gran concurso al estilo del que se celebraba en Cádiz y otros lugares de la geografía andaluza. Es el famoso concurso del teatro Cervantes y que, a partir de 1992, se celebra en el auditorio Maestro Padilla. Adquiere su máximo esplendor durante los años ochenta, descollando nombres organizativos como los de José Molla (Pepe Murgas) y Juan Torrijos, murguistas como Juan Bisbal y Francisca Pomedio, comparsistas como José García Chiquero, Jesús Soler, José Francisco López, Juan del Águila, Julia Abad y un largo etcétera, finalizando este desfile de personalidades con el humor de Antonio Aracil (Curro) que con su simpatía y humor, tantas noches del Cervantes animó con su parodia, con la que conquistó el primer premio en numerosas ocasiones. Las bases que el Ayuntamiento, como ente organizador y patrocinador del certamen, publican cada año define claramente las modalidades de participación en el evento. En un principio fueron tres: parodias, murgas y comparsas y después de 1992 se dio paso a los grupos procedentes de los ríos Andarax y Nacimiento, creando una nueva agrupación bajo la denominación de agrupaciones carnavaleras. En el año 1984 el Ayuntamiento publica las bases de participación en el concurso de carnaval a celebrar en el teatro Cervantes de la ciudad de Almería, estableciendo tres categorías: murgas, comparsas y parodias, las cuales debían de acoplarse a las normas siguientes: MURGAS: Debían estar compuestas por un mínimo de ocho y un máximo de quince personas, pudiendo utilizar como instrumentación la caja o tambor, bombo con platillos, un máximo de dos instrumentos de cuerda y los típicos pitos de caña, o similar, con su peculiar sonido. Las canciones deberían ser las siguientes: pasodobles, cuplés, popurrí y cualquier canción andaluza, identificándose de una manera muy especial con el cuplé. COMPARSAS: Deberían componerse de un mínimo de doce personas, siendo el máximo ilimitado, llevando como acompañamiento cualquier tipo y número de instrumentos de cuerda, percusión, metal, etc. Las canciones serían: pasodobles, cuplés, popurrí y cualquier canción andaluza, identificándose de un modo muy especial con el pasodoble. La afinación de estas agrupaciones se realizaría dentro de un sentido musical digno de tenerse en cuenta. PARODIAS: Compuestas por un número inferior a siete personas (duetos, tercetos, cuartetos, etc.) utilizando como máximo un instrumento libremente elegido, si bien se podían acompañar tanto de pitos de caña, como de maracas, palillos, etc. deberían cantar: cuplés, popurrí y parodia, siendo su estilo totalmente cómico. En el año 1989 se modifican la bases. La parodia podía estar formada por una sola persona, además su repertorio podría ser cantado o hablado. Las murgas podrían participar con un máximo de doce componentes y podrían acompañarse con un solo instrumento de cuerda. La comparsa vio restringido su número entre un mínimo de trece personas y un máximo de quince, cantando al menos a tres voces. Ya aparece una cuarta modalidad: el coro. Era una agrupación integrada por un mínimo de dieciséis personas, con al menos cuatro voces acompañadas de ocho o más instrumentos musicales entre los que deberían figurar necesariamente instrumentos de viento. Sin embargo en 1990 la modalidad de coros desaparece de las bases del carnaval de Almería. El año 1991 trae nuevas modificaciones al carnaval. Las murgas podrían acompañarse con un máximo de dos guitarras y se estipula se repertorio en: presentación, dos pasodobles, dos cuplés y popurrí. Las comparsas podrían acompañarse de un mínimo de dos guitarras y un máximo de tres, siendo su repertorio igual al de las murgas, debiendo interpretar las canciones con un mínimo de tres o cuatro voces. Por primera vez aparece una nueva modalidad: otras agrupaciones carnavalescas. Como bien señalaban las bases estaban formadas por comparsas de los pueblos de la provincia de Almería, coros, etc., que no se ajustaran literalmente a los tres apartados que ya venían reseñándose en las bases de años anteriores. Podrían utilizar todo tipo de instrumentos musicales, valorándose sus letras y la calidad musical. Al año siguiente, 1992, se afina aún más en el nombre de la nueva modalidad: comparsa y coros tradicionales de Almería. Baile de Piñata.Como colofón a las fiestas de carnaval se celebra en numerosos lugares un baile de máscaras, que fue importado a Madrid desde Italia en 1768. Prontamente prohibido por las autoridad eclesiástica debido a que por la concurrencia inevitable de otras gentes de baja esfera y mala nota que hacen retraer justamente esta diversión a las personas de clase y honor, que han sido el objeto principal por que se han permitido. En estos doscientos treinta y tres años transcurridos han sido innumerables las veces que el baile se ha prohibido y otras tantas permitido. Ha visto épocas de máximo esplendor y otras de completa extinción, para ir languideciendo poco a poco, perdida ya la razón principal por la que fueron instituidos. El baile principal de máscaras era el que se celebraba el domingo de piñata. En Almería el Círculo Mercantil y el Casino eran los lugares preferidos. En los pueblos más importantes eran los cines y teatros los que albergaban el evento y en las localidades más pequeñas eran los almacenes y aún domicilios particulares donde se colgaba la piñata para que giraran en torno a ella las parejas de danzantes. En la sierra de Turre la piñata consistía en un cántaro lleno de garbanzos tostados, caramelos y ratones vivos que cuando caían al suelo corrían despavoridos por entre las piernas de los danzantes. En otros lugares donde no existían locales adecuados era el salón del Ayuntamiento el que se engalanaba para la ocasión, como ocurría en Alboloduy hasta finales del siglo XIX, en que se prohibió la celebración debido a la disputa de dos hombres por el amor de una joven que acabó de forma trágica, cuando uno de los dos sacó un revolver y mató al otro de un disparo en el pecho a la salida del baile. Entierro de la sardinaEl miércoles de Ceniza se entierra la sardina dando por finalizado el carnaval. En muchas poblaciones lo hacen el sábado siguiente para propiciar que haya más público participante. Básicamente consiste en un cortejo de personas enlutadas que marchan llorando detrás de una gran sardina de cartón con el vientre lleno de petardos y a la que, acabado el recorrido, prenderán fuego en un lugar previamente determinado para que no haya peligro. En algunos lugares, un zagal recorre el cortejo y se mete entre los espectadores, llevando una lata con carbones encendidos a los que periódicamente va agregando pimientos picantes, llamados bolillas, que hacen saltar las lágrimas y los estornudos a todos los presentes. En otros se reparten bebidas entre los asistentes y espectadores. ¿El carnaval se acaba?Es cosa cierta que el carnaval está desapareciendo en todo el mundo. El tipo de carnaval moderno, reducido a una batalla de flores o a una representación teatral, no es sino el remedo de aquellos fastuosos carnavales del Renacimiento, o los de la extraordinaria alegría de los carnavales dieciochescos. Cuando el Antiguo Régimen murió los carnavales comenzaron a fenecer. Según Nestor Luján el relevo de aquellos carnavales lo ha tomado Brasil, donde se ha creado de una forma espontánea un enorme, fascinador y agobiante carnaval. Sin embargo, una forma de divertirse disfrazado y cambiado de personalidad externa no ha de morir tan fácilmente. Como dice el mismo autor La máscara está siempre a la disposición del hombre para el furtivo gesto de ponérsela y, al ocultarse tras ella, revelarse en muchas ocasiones con una mayor y más descarnada sinceridad. Al igual que comenzamos, finalizamos con una canción tradicional entonada en La Alpujarra y que sirve como colofón perfecto a este pequeño trabajo y que, su primera estrofa, dice así: Ya se van los carnavales la fiesta de las mujeres, la que no tuviese novio que espere al año que viene. Que yo no voy sola que mi amor me lleva. |