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Las inundaciones de 1891
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Contexto Histórico
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Una mañana, más concretamente el 11 de septiembre de 1891, una mujer andaba con sus dos hijos por las calles de la ciudad de Almería. Cuentan las crónicas  que aquél día no amaneció. Que a las ocho de la mañana las nubes que cubrían el cielo, desde poniente a levante, eran tan densas y oscuras que parecía la misma noche. Dicen que el mar se quedo mudo; ni una ola, ni una brisa que sirviera de aliento, ni una señal de vida. Las gaviotas desaparecieron de pronto y los barcos que habían salido de madrugada regresaron con las redes vacías. Un extraño silencio anuncio el desastre, que estallo unos minutos después de las ocho de la mañana precedido de un relámpago que partió el cielo en dos desde Almería a Cabo de Gata. Durante tres horas la lluvia cayó sin parar. La tromba dejo 160 litros, casi lo que solía llover en un año.

En aquella época no se podía prever las catástrofes, empezó a llover de una forma tan virulenta que la rambla de Belén llevaba tal cantidad de agua que se desbordó, justo cuando la mujer pasaba con sus dos hijos. Así que cuando la mujer vio pasar el agua no tuvo tiempo de pedir ayuda a alguien, a personas que estuvieran mejor preparadas para ayudarla a ella y a sus hijos. Y de todas las personas que podían haberla ayudado ninguna estuvo cerca y ninguna pudo hacerlo. Así que la mujer fue arrastrada con ambos hijos rambla abajo.

Junto con árboles, piedras y materiales que en su recorrido dejaron un panorama desolador. El miedo a la mar no es un capricho de aquellos que se atreven a adentrarse en ella. Su fuerza es la de una masa de agua de una superficie que nuestra vista no puede llegar a abarcar y que nuestra mente pude alcanzar en un mapa pero su magnitud no la podríamos imaginar.

La mujer junto con sus dos hijos fue absorbida por el mar, pero su cuerpo fue devuelto a la costa. Entre el movimiento de las olas con toda su fuerza y vigor la mujer había muerto, como sus dos hijos. Pero entre tanto movimiento y en medio de esa fuerza entre espuma y agua hasta no tener vida. En ningún momento ni después de su muerte, cuando encontraron su cuerpo, la madre no había soltado las manos de sus hijos.

La CaridadFue una de las mayores inundaciones que se recuerda, afectó a toda la provincia, hubo un gran número de desaparecidos y de damnificados. La cifra oficial de muertos fue de diecinueve. El hecho de que el desastre se produjera de día, cuando la gente estaba despierta, evitó que fueran cientos los almerienses que perecieran en sus hogares. Por suerte muchos tuvieron tiempo de refugiarse en las iglesias de San Pedro, San Sebastián y La Catedral, así como en La Alcazaba. Los barrios más humildes fueron los más castigados, especialmente la zona del barranco de Pescadería, Quemadero, Barrio Alto y las chabolas de Las Almadrabillas, que quedaron completamente anegadas por las aguas como si el mar hubiera avanzado cien metros.

A partir de esto se aprobó el plan del encauzamiento de la Rambla de Belén.
A día de hoy podemos encontrar la estatua de La Caridad, como símbolo de la Caridad Universal en la que se representa a una madre con sus dos hijos. Se mandó construir en agradecimiento a la solidaridad de los organismos oficiales y especialmente a la Asociación de la Prensa de Madrid que organizó una colecta con cuya recaudación se pudo levantar el actual barrio de La Caridad, donde encontraron alojamiento muchos de los que perdieron sus hogares, todo esto queda explicado en una placa que colocaron en una de las casas “Edificado por la Prensa Asociada de Madrid a favor de los inundados del 11 de Septiembre de 1891, en terrenos cedidos por los herederos de don Joaquín Cañadas, bajo la dirección de los arquitectos D.Enrique López Rull y D. Trinidad Cuartara, y formando la comisión ejecutiva los directores de La Época, El Globo y El Liberal. Puesta la primera piedra el 26 de Noviembre de 1891 y terminadas las obras el 28 de Marzo de 1892”.

Sin embargo, se cuenta que este monumento La Caridad fue en memoria a la mujer que se ahogo con sus dos hijos.