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Yaudar Pachá y la conquista de la Curva del Níger PDF Imprimir E-mail
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Yaudar Pachá y la conquista de la Curva del Níger
Descripción geográfica
Contexto histórico
Palabras clave y bibliografía
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Los protagonistas de esta historia fueron los moriscos expulsados de España. La historia nos dice que en octubre de 1590, un ejército compuesto de 4.000 granadinos, 500 europeos, 60 cristianos, 1.500 caballeros árabes y 1.000 auxiliares camelleros con 8.000 camellos llevando las provisiones y el material de guerra salieron de Marraquech y atravesaron el desierto...

Aquel ejército, el primero que osó cruzar las dunas del Sáhara con cañones, caballos y arcabuces tenía un sueño: crear una nueva Andalucía a orillas del mítico río Níger, que entonces evocaba las fértiles y añoradas tierras bañadas por el Guadalquivir. A su mando iba un tal Diego de Guevara, "hombre de ojos azules" y miembro de una acomodada familia morisca del pueblo almeriense de Cuevas de Almanzora, que fue expulsado de España junto a un grupo de vecinos. En su peregrinaje fue a parar a la entonces floreciente ciudad de Marraquech -de la que luego tomaría su nombre el hoy Reino de Marruecos-, dominada por una nueva dinastía que ambicionaba entrar en el juego de las grandes potencias conquistando el imperio Songhay, sucesor del de Malí, la mayor agrupación política conocida en el occidente africano. Sus emperadores controlaban el oro producido en el Sudán, la sal (artículo de primera necesidad en el desierto) y los esclavos, cuya demanda era constante en el mundo islámico. Una vez en la corte Diego de Guevara, es convertido en eunuco y pasa al servicio directo de Al-Malek, quien le da el puesto de caíd de Marrakesh. Tras la muerte de Al-Malek en la batalla de Alcazarquivir en 1578 su hermano y nuevo sultán Al Mansour, referente de la dinastía marroquí, acogió con los brazos abiertos a Guevara -que había demostrado su habilidad militar en la batalla- y escogió a sus mejores hombres como guardia personal. Más tarde nombró al español Caïd de la ciudad y, posteriormente, Pachá de su ejército. Así, el almeriense pasó a la historia con el nombre de Pachá Djouder.

Una de las más firmes ambiciones de Al-Mansur era la conquista del Reino Songay, aunque algunos intentos habían resultado vanos ante la estrategia militar de los hombres de la Curva del Níger. Será Yaudar Pachá el que hará realidad esos deseos. El viaje fue duro y el español perdió dos tercios de sus hombres debido al calor, el paludismo y la falta de provisiones. Tras ir conquistando todas las pequeñas aldeas que encontraban a su paso, la expedición se enfrentó por fin al compacto ejército del reino de los songhay, al que vencieron el 13 de marzo de 1591 en Tombidi, ya en las cercanías del río Níger. A pesar de que eran 10 veces superiores en número, los bravos guerreros africanos huyeron ante el fragor de las armas de fuego de los andalusíes. Los soldados del Pachá trataron de seguir su conquista hacia el Sur, pero se encontraron con los terrenos pantanosos de lo que hoy es Burkina Faso y, tras sufrir muchas bajas, decidieron regresar a Tombuctú, donde rompieron los vínculos con maruecos y se instalaron definitivamente. Crean en dicho lugar lo que se podría denominar una Nueva Andalucía, una población cercana a las 15.000 personas y poblada mayoritariamente por españoles. Los jefes se casaron con las princesas de la dinastía shongay y los soldados con plebeyas del mismo pueblo, formando así la casta de Los Arma, que controló todos estos territorios de la curva del Níger hasta 1737, en que fueron vencidos por los tuareg en la batalla de Taya. Yaudar mas tarde volverá a Marrakesh y permanecerá en manos del gobierno muriendo ejecutado en 1603 por orden del nuevo sultán, con el que había mantenido diferencias sobre la legitimidad de su aspiración al sultanato. Su tumba se encuentra en Marrakesh junto a la de los emperadores Saadís. Todos los descendientes de los españoles que vivieron en la Curva del Níger se consideran herederos legítimos de él. Un grupo étnico al que se conoce por el patronímico familiar de Armas, ya que ¡A las armas, a las armas! fueron las primeras palabras que los nativos de aquellos lugares escucharon a los invasores en el inicio de la batalla.