| La Calle de la Plata (Vera): Una tradición minera |
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Página 1 de 6 Cuenta la tradición oral de Vera, recogida en conversaciones con personas del lugar, curiosos y conocedores de su historia, que la apertura de la calle la Plata, ubicada al este de la ciudad, en un barrio que se construye extramuros a finales del siglo XVIII, tiene relación con los tiempos del desarrollo minero en la comarca en la segunda mitad del siglo XIX.La ciudad de Vera había ido extendiéndose fuera de sus murallas desde finales del siglo XVIII pero tuvo su mayor incremento en el siglo XIX como consecuencia del aumento de población vinculado al desarrollo de las actividades mineras. Una de estas vías de expansión era alrededor del camino que dirigía hacia la playa de Garrucha, en aquel tiempo territorio de la jurisdicción de Vera. Cuentan diferentes testimonios orales que la calle la Plata debe su nombre al hecho de que levantaran allí sus viviendas trabajadores de las minas de Almagrera y Herrerías que se dedicaban a arrancar el mineral de plomo y de plata de sus filones. También, parece que pudieran haber establecido su residencia en esta calle algunos trabajadores de las fábricas de plomo argentífero ubicadas en las inmediaciones de Garrucha. No debe sorprendernos que estos trabajadores tuvieran que realizar a diario largas caminatas (seis o siete kilómetros de ida y de vuelta) para llegar a sus centros de trabajo; incluso testimonios escritos de la época dan fe de que en algunas temporadas los trabajadores de las minas no regresaban a sus pueblos y permanecían precariamente alojados en la cuevas y chozas de los alrededores. La leyenda en torno a la denominación de esta calle resulta un tanto escatológica. Se dice que estos operarios, vecinos de Vera ingerían, aprovechando cualquier descuido pequeñas cantidades de mineral de plata con una alta ley, para horas más tarde expulsarlas en sus domicilios o refugios. Se dice que con la plata obtenida por tan “curioso” procedimiento, los minero consiguieron levantar sus casas en una calle que por fuerza terminó adoptando el nombre con el que popularmente era conocida en Vera: calle la Plata. Actualmente, la calle la Plata es uno de los lugares de más personalidad del pueblo de Vera. Aunque muchas fachadas se han remozado, conserva las alturas y las características de las edificaciones que se levantaron hace unos ciento treinta años. A pesar de su posición privilegiada, no se han levantado edificios modernos y conserva todavía su sabor más auténtico. Su denominación como calle La Plata tiene un origen popular, pero actualmente es también el nombre oficial. En otras épocas la vía ha tenido diferentes denominaciones. A finales del siglo XIX estaba rotulada como calle de Jesús Nazareno (ver plano de 1892 en el anexo fotográfico). Incluso durante el largo periodo franquista fue denominada como calle Queipo de Llano. Con la llegada de la democracia recuperaría su nombre más popular. Conviene ahora preguntarse acerca de la credibilidad de este relato legendario en torno al origen y denominación de esta calle. En primer lugar, y como veremos más adelante al analizar el contexto histórico, existe una coincidencia cronológica entre la apertura y construcción de las casas de esta calle y el episodio de resurgimiento minero provocado por el descubrimiento de un yacimiento de plata nativa en la zona de Herrerías (término municipal de Cuevas). En segundo lugar, sabemos por, testimonios de la época, como el del ingeniero Juan Pie, que algunos de los trabajadores del distrito de Herrerías procedían de pueblos próximos como Vera. En tercer lugar, la tipología arquitectónica de las casas de la calle la Plata, así como, noticias recogidas en el Archivo Municipal de Vera (en especial el plano del ingeniero Moreno Jorge de 1892), confirman la coincidencia en el tiempo del apogeo de las minas de plata de herrerías y del trazado y ocupación de esta calle dentro del ensanche que la población de Vera estaba sufriendo en esos años. Estos datos ayudan a situar lo que hay de histórico debajo de un relato legendario. Seguramente la coyuntura de empleo y actividad, tanto para mineros como para arrieros o transportistas de los años 1870 en adelante produciría los ingresos necesarios para la construcción de las casas de esta calle tan popular. Sólo por esta circunstancia ya estaría plenamente justificada la denominación que se le dio a la calle.Otra cosa diferente, es la credibilidad que podamos conceder al relato escatológico de la ingesta y defecación de las partículas o pepitas de plata. La constitución y textura del mineral argentífero y, sobre todo, la bajísima concentración de plata en el mismo (incluso en los más ricos) ha obligado siempre a costosas operaciones metalúrgicas para la recuperación del metal. No resulta, por lo tanto, creíble que estuviera al alcance de los mineros cantidades de plata concentrada y disponible para ser ingerida. La plata se presentaba diluida en pequeñísimas porciones en minerales terrosos de los que sólo podía obtenerse tras un complicado proceso metalúrgico. Conviene, finalmente, destacar la lejana relación que pueda tener esta leyenda con aquéllas otras comunes en el sur de España y que aluden de una manera también escatológica al “oro que cagó el moro”. La vinculación entre episodios de enriquecimiento rápido (como de algún modo fueron los descubrimientos mineros del siglo XIX) y las antiguas leyendas sobre tesoros guardados o escondidos por los moros, tal vez ayude a explicar el procedimiento de enriquecimiento que se apunta en la versión más popular y extendida de las circunstancias que rodearon el origen de la calle la Plata. |