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Desde los Ayuntamientos, principalmente, se ha ido expandiendo, desde hace ya unos años, la idea de ofertar concursos de pintura rápida, idea y experiencia que ha calado bastante en nuestra provincia. Así, encontramos los de Vera, Huercal-Overa, Roquetas de Mar, Uleila del Campo, el de la asociación del Casco Histórico, en Almería ciudad, etc. Atraen a un número importante de pintores, y según los casos, tienen una cuantía importante en premios, para la adquisición de obras. Suelen participar, junto a las instituciones públicas, empresas privadas que patrocinan algunos de los premios, participando de una actividad social y cultural, a la vez que publicitan su marca.
Normalmente estos concursos cuentan con un jurado de personas más o menos reconocidas de este ámbito, que realizan su labor con profesionalidad, imparcialidad, y en la mayoría de las ocasiones, sin contrapartida económica.
Esta idea de concurso se ha desarrollado con bastante éxito, hasta estar consolidada en la actualidad. Después de esta experiencia de años, puede ser pertinente hacer algunas consideraciones. Al desarrollarse la actividad en unas horas, en un municipio, y siendo alentador y atractivo encontrarse al pasear a pintores con el caballete montado trabajando sobre el entorno urbano o el paisaje cercano, ha devenido a converger mayoritariamente en la práctica de una pintura figurativa realista, de fácil reconocimiento del motivo trabajado, inclinándose hacia un género pictórico de génesis costumbrista, quedando descartada en la práctica real cualquier atisbo de innovación o investigación plástica o pictórica. En algunos caos, formulas reiterativas de apariencia seudo-informalista, es lo más lejos a que suele llegarse.
Sin pretender reclamar la urgencia de la innovación o la experimentación, tanto en los planteamientos socio-teóricos, como en la práctica intuitiva, de la época de las primeras y segundas vanguardias históricas, nuestros antecesores recientes, nos inclinamos a pensar que sin, al menos un compromiso particular de libertad creativa, la calidad artística final suele quedar bastante resentida.
Y esto es apreciable en el conjunto de las obras, y en la mayoría de ocasiones, en las mismas obras que se premian en este tipo de concursos. No es que en las bases de los concursos haya normalmente requerimientos en esta dirección, pero la realidad, y casi, un acuerdo tácito no consensuado, determina mayoritariamente esta situación.
La cuantía económica de los premios es en ocasiones tan atractiva para adquirir una obra, que hay supuestos pintores que casi se han profesionalizado, en acudir a estos eventos, realizando, en cuanto a planteamiento, casi una repetición del mismo cuadro, y cuando suelen ser habilidosos, y en ocasiones efectistas, los encuentras premiados una y otra vez. Que las instituciones y Ayuntamientos tengan iniciativas para hacerse en el tiempo con una colección de arte, debe llevar unida una exigencia de calidad creativa auténtica, pues esta será la levadura que hará emerger y crecer a la obra adquirida, al pasar los años.
Quizás haya que modificar las bases o planteamientos, en la línea de incentivar la calidad creativa, y posponer la habilidad efectista de una representación figurativa realista o costumbrista.
Puede ser pintura rápida, puede estar acotado el tiempo de ejecución, que se realice en un espacio físico o entorno determinado, pero la exigencia debe ser la calidad de la obra, ajena a una vinculación sobreentendida de representación del tipismo de un lugar determinado.
No pretendo ni tengo una solución, exige una reflexión mayoritaria y coordinada, pero en el tiempo de la gestión tecnológica de la imagen, recuperar una pintura costumbrista, ajada y trasnochada, no debería ser la mejor manera de gastar culturalmente el dinero público. Ni tan siquiera el privado. Somos sociales y nos educamos socialmente. También en el ámbito de la imagen y del arte.
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