| El hechicero de Piedras Blancas |
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A principios del siglo XVIII, vivía en la cortijada de Piedras Blancas, que en la actualidad pertenece a Escullar, pero que en aquellos años dependía de Alboloduy, un hombre llamado Gabriel Díaz y por sobrenombre “Leorro”. Estaba casado y tenía dos hijas. Tenía fama de hombre malo y hechicero. Hechizaba con tabaco o con los venenos que administraba en las comidas. Su fama era tal, que nadie se atrevía a pasar cerca de su cortijo. Pero una noche acertó a pasar cerca de la vivienda un vecino, oyó unos extraños ruidos y, temeroso, se ocultó tras unos matorrales y, desde su escondite, observó una extraña escena que le dejó confuso y atemorizado: Por la puerta abierta del cortijo salió una hermosa zorra acompañada por un podenco y tres “horques” , los cuales, después de retozar durante un rato a la luz de la luna, entraron en le cortijo. Algo humano vio el observador en los animales que lo dejó extrañado, mientras un escalofrío recorrió su columna vertebral. Al día siguiente se encontró con la esposa de “Leorro” y le contó lo que había visto la noche anterior. Ella con toda naturalidad le explicó que en determinadas ocasiones acostumbraban a convertirse en animales, Los animales que había visto la noche anterior era una hechicera, llamada Marisperga, que vivía cerca de allí, convertida en zorra, el podenco, su marido y los tres gozques, ella misma y sus dos hijas. Si embargo el mayor portento hechiceril conseguido por Gabriel Díaz, lo realizó a plena luz del día, en su cortijo y en presencia de varias personas. Tomó un largo y grueso palo y lo clavó en el suelo; después de tumbó en el suelo y asió el palo con una mano. Al rato de concentrarse profundamente comenzó a girar. Conforme giraba se iba elevando y la luz se iba apagando hasta llegar a la oscuridad total. Poco a poco, y sin dejar de girar, fue descendiendo y haciéndose la luz nuevamente, ante el espanto de todos los presentes. Según algunos documentos, “Leorro” fue detenido, procesado por la Inquisición y encarcelado en Granada en 1746, sin que se conozcan más datos del proceso inquisitorial seguido contra él. (Juan Blázquez Miguel (1985) “Hechicería almeriense en el siglo XVIII”. Boletín del Instituto de Estudios Almerienses. 5. Almería, Diputación Provincial; págs. 51- 58) |