| La leyenda de San Antonio Abad (Vera, 1918) -Otras leyendas de Almería- |
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Un hecho devastador se va a sumar a la tragedia de la I Guerra Mundial. En los Estados Unidos, en una granja se queman los cuerpos de centenares de cerdos enfermos de una extraña enfermedad. Sus cenizas aventadas por el viento caen en los poblados cercanos. Esto sucede en los momentos en que se inicia el embarque de tropas para participar en la Gran Guerra. El virus de la gripe pasa así de América a Europa y se va extendiendo de nación en nación en los momentos finales de la guerra. En 1918 hubo en Vera una epidemia de gripe que acabo con la vida de muchísimas personas. Se dice que esa epidemia empezó cuando unos mercaderes llegaron del extranjero y al parecer alguno llevaba esa enfermedad consigo. Se cree que empezó la epidemia en una barbería. La gente iba muriendo sin poder hacer nada. Un día el cielo se volvió rojizo y empezó a desaparecer ligeramente la enfermedad. Dijeron que ese fenómeno natural y la desaparición de la enfermedad era gracias al patrón San Antonio Abad, patrón entre muchas cosas del fuego. Sacaron la imagen del santo por las calles y la epidemia desapareció del todo. El pueblo fue castigado severamente por esa epidemia pero se sobrepuso con coraje. De esta manera el pueblo de Vera agradece siempre a San Antonio Abad el milagro del fin de la epidemia. Sobre la historia del Santo, se cuenta que Dios mismo, posiblemente sorprendido de la austera penitencia del santo varón, le afligió “por medio de representaciones pavorosas del espíritu del mal, siendo probada su virtud con tentaciones frecuentes y enojosas”. Todo lo cual resistió estoicamente. En el año 311 abandonó su retiro y marchó a animar a los cristianos de Alejandría, contra las crueles persecuciones del Rey Maximino y a pesar de que el Prefecto le ordenó saliera enseguida de la ciudad, reapareció nuevamente, sin temor a la muerte, para combatir a los arrianos. Su biógrafo, San Atanasio, dice que San Antonio Abad falleció en el año 356, asistido de sus dos discípulos predilectos Macaria y Amathos. Su última disposición fue ser enterrado en lugar secreto. Dejó como legado intelectual siete cartas dirigidas a Los Monasterios de Oriente, conservándose una traducción latina en la célebre Biblioteca Patrum. Se le atribuyeron varios milagros, sobre todo la curación del fuego sagrado o fuego de San Antonio, o la erisipela. Por esta razón se le representa con un fuego a su lado. Otros de los atributos de las imágenes de San Antonio es el cerdo, en conmemoración de las tentaciones. (Leyenda recogida por Alberto Tonda Sesé, Francisco Javier Lao Hernández, y Francisco Bonillo Fernández) |