Home Leyendas Los fuegos de Laroya (Otras leyendas de Almería)
 
Los fuegos de Laroya (Otras leyendas de Almería) PDF Imprimir E-mail

En el pueblo almeriense de Laroya, en la sierra de los Filabres, en junio de 1945, sucedieron unos hechos para los cuales aún no existe una explicación definitiva. Todo empezó el 16 de Junio de 1945 en el interior de un cortijo, cuando una luz azul que se precipitó desde los cielos hacia el delantal de la pequeña María Martínez Martínez prendiendo sus ropas dio comienzo a una serie de fuegos repentinos que sólo desaparecían así como aparecían.

Ella estaba en su cama, y al gritar acudieron a ayudarla varios jornaleros. Esa misma tarde también se habían producido otros incendios en un caserío. Todo esto en un pueblo sin electricidad en aquel entonces y sin que existiera ningún líquido inflamable ni otro material combustible que pudiera provocarlo. Esa noche, los vecinos pasaron toda la noche buscando un posible responsable de estos fuegos, y antes de amanecer,  tras no encontrar a nadie, decidieron avisar a la Guardia Civil. Estos comprueban que han ardido diversas partes de varios cortijos y ante ellos una olla de lentejas se prende sola y también mantas de camas. Al día siguiente los fuegos se van extendiendo a los demás cortijos y sus enseres. Pronto, estas combustiones espontáneas son portadas en la prensa nacional del momento como ABC, El Correo de Andalucía, etc. Según avanzan los días se producen nuevos y violentos incendios. La superstición popular pronto hablaría del Diablo. Se daba la circunstancia  de que en muchos casos los incendios desprendían un intenso olor a azufre. Científicos enviados por el régimen de Franco, el CSIC., meteorólogos, sismólogos, geofísicos, fueron a Laroya a intentar descubrir las causas de los fuegos. Su conclusión fue que no se debían a trastornos geológicos, ni a actividad volcánica, ni a fenómenos eléctricos, ni a la ionización de la atmósfera, ni a radiaciones solares. También descartaron que se fueran producto de la mano del hombre. Es decir, no supieron hallar las causas de lo que realmente sucedía en Laroya.

Tras este fracaso, decidieron mandar a un hombre de confianza de Gobernación como último recurso para encontrar una explicación a estos fuegos, José Cubillo Fluiters, jefe del Servicio de Magnetismo y Electricidad Terrestre del Instituto Geográfico y Catastral, tras ser testigo de cómo ardía trigo ante sus ojos y de la destrucción de su moderno equipo de investigación por aquellos fuegos, salió del pueblo sin dar la respuesta que todos esperaban. Después de sucesivos fracasos se dejo el caso apartado esperando simplemente que dejara de suceder. Tiempo después algunos vecinos han confesado que junto con este fuego, por las noches podían ver como bolas de aire blancas iluminaban todo el cielo. Los fuegos terminaron repentinamente después de los sucesivos suicidios de María Martínez Martínez, niña en la que comenzaron los fuegos, y sus hermanos.


(Leyenda redactada por Mª. Carmen Conchillo García, Isabel Gómez Ramírez y Ernesto Rubio Romera)