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La bella Aísa PDF Imprimir E-mail
Indice del artículo
La bella Aísa
Descripción del lugar de la leyenda
Contexto histórico
Palabras clave y bibliografía
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Los reinos de Taifas, mucho más débiles que el Califato, se mostraron sumisos hacia los dirigentes cristianos. Una vez rota su unidad, al-Ándalus estuvo a merced de los cristianos del norte, que procedieron a la ocupación paulatina de los territorios que habían estado bajo el poder musulmán. No obstante, ese proceso no fue lineal, pues hubo momentos de corta duración en los que la unidad andalusí pudo reconstruirse. Por aquel entonces, el califa decidió llevar a cabo una campaña de recuperación del territorio contra los cristianos españoles, estimando que el primero y más importante de los objetivos era recuperar Almería, por encontrarse en el punto de enlace oriental y occidental de al-Andalus.

De hecho, en 1157, la ciudad se ve sometida a un asedio por parte de los almohades. El ataque, obligó a los cristianos a abandonar la ciudad y a buscar refugio en la alcazaba. Alfonso VII, viendo la imposibilidad de mantener Almería, regresó a Castilla con sus tropas. En este periodo de muchos conflictos, nació un gran amor, del cual sus protagonistas se vieron desdichados por su religión. Aísa, así se llamaba, bella morisca de muchos encantos, cuyo corazón fue conquistado por un caballero guerrero y cristiano. Enamorada de un imposible y correspondida en el pecado. Él, luchador y honorable del rey, volvió a Castilla desanimado, pues dejaba atrás el amor que todos sus años había esperado. Esto es, una historia con un desenlace pero sin un fin acabado, por el resto de la vida se seguiría oyendo sus llantos, en presencia de la Luna llena y en lo más profundo del pozo encantado. Y es que el amor llega así, sin previo aviso, influenciado de la locura, la pasión…, y con una simple mirada llena el corazón. Cepillando su hermoso cabello con peine de plata, Aísa acude al lugar más deseado por ambos, al escondite en el que su amor fue demostrado.

Todas las noches de luna llena, al borde del pozo, a ella se le oye recitar:

Aún no entiendo porqué
necesito dejar salir ese recuerdo,
te fuiste mirando hacia delante
dejando en mí este tormento.

Ojala no te hubiera conocido,
abandonada me dejaste a mi suerte
no tengo noticias tuyas,
ni siquiera si te ha vencido la muerte.

Te busco con dolor en mi alma,
te necesito porque solo tu calmas
este tormento que me come a diario
la fe de volverte a ver y mis esperanzas.

Lloro porque te he perdido,
lloro porque te extraño...
Porque solo tú amor mío,
supiste darme lo que siempre he necesitado.

En las lágrimas he encontrado
el sustento de vivir esta vida.
Todo es una eternidad desde tu partida, solo deseo vivir a tu lado.



Así pues, en plena noche, cuando ya reina la paz y la tranquilidad, se escuchan sus tristes llantos derramando lágrimas de soledad, quedando atrapadas en las aguas del pozo hasta la eternidad. Observa a la Luna,  piensa que su amor podría mirarla, escucharla, recordando los bellos momentos llenos de nostalgia. Pero después de retenerse un instante, agacha la mirada y vuelve a llorar, dándose cuenta que todo es irreal, él no está, no volverá.

Bien dicho está que “la vida es sueño”… él fue su sueño, fue su vida y ahora solo la Luna lo es… ¿y los sueños?... “los sueños, sueños son”…