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Página 1 de 3 Cuentan los viejos del lugar que hace muchos años, en tiempos de los moros, sufría el pueblo de Benahadux una gran sequía. Sus habitantes tenían que ir a las lejanas montañas a buscar el preciado líquido. Unos iban a por agua a una fuente, que después se llamaría de Araoz, y otros lo hacían al, ya por entonces, prestigioso balneario de Sierra Alhamilla. El rey del lugar, oyendo las quejas de sus súbditos, promulgó un bando, por el cual concedía la mano de su hermosísima hija a quien fuera capaz de traer el agua, de uno de los dos manantiales mencionados anteriormente, hasta la población.
Fueron dos los príncipes que acudieron al reclamo de tan bello y apetitoso premio. El primero que llegó intentó traerla desde Sierra Alhamilla, ya que el trayecto era más corto, pero cuando se encontró con el obstáculo del río fue incapaz de salvarlo. Mientras que el otro, más prudente y calculador, trazó la canalización desde Araoz, llegando felizmente con el agua potable hasta Benahadux, llevándose como premio la mano de la bella princesita .
Ni que decir tiene, que ni uno ni otro, dieron en el clavo, los que trabajaron en las conducciones de agua, una fallida y otra felizmente llevada a término, serían los lugareños, que, unos pagados y otros obligados, trabajarían hasta conseguir llevar el agua hasta Benahadux.
Sin embargo esta leyenda es una adaptación de otra que se remonta a la ocupación de Pechina por los yemeníes. Según Al-Himyari (Lévi-Provençal, 1938:47-50), los cristianos contaban que los reyes de Tudmir y de Rayo pidieron respectivamente la mano de la hija del soberano de Urs al-Yaman y el territorio vecino (Pechina y alrededores). La princesa puso como condición a sus dos pretendientes que aquel que pudiera traer el agua de una de las fuentes termales hasta el interior del palacio de su padre, situado en el emplazamiento actual de Pechina, sería el más digno para casarse con ella. Los dos pretendientes pusieron todos sus esfuerzos en la empresa requerida. Instalaron tuberías para que el agua corriera libremente hasta el pueblo. El que intentó traer el agua desde la fuente del Norte encontró un gran barranco que le opuso un fuerte obstáculo, ya que debería construir una serie de arcos para permitir el paso de las tuberías. Esto le retrasó el trabajo, permitiendo que el otro contrincante, que traía el agua de la fuente del Este, terminara el trabajo, consiguiendo así la mano de la princesa. Al-Himyari dice que en su tiempo aún quedaban restos de dichas canalizaciones a un lado y otro de la población, pero no precisa quien fue el afortunado, si el malagueño (Rayo) o el murciano (Tudmir).
Localización geográfica
La acción de esta leyenda se circunscribe a las poblaciones de Benahadux y Pechina. Se encuentran situadas a diez kilómetros de la ciudad de Almería, pero en márgenes distintos del río Andarax, la primera a la derecha y a la izquierda la segunda. Pechina se sitúa a 98 m. de altitud y su término municipal mide 46´4 km2 de superficie, mientras que Benahadux se sitúa 113 m. de altitud y su término municipal comprende 15´2 km2.
En otros tiempos vivieron ambos municipios del cultivo de agrios, sobre todo de naranjas. Benahadux también contó con varias fábricas de cerámica y alfareras, existiendo una mina de Galena en su término. En la actualidad ambos municipios se están convirtiendo en ciudades dormitorio para la gente que marcha a trabajar diariamente a la ciudad de Almería.
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