| El lobero |
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Página 1 de 4 Durante las frías y largas noches de invierno en la Sierra de Baza, aparecía sin descanso una peculiar familia de lobos. Su vida la pasaban en la zona de Benacebada, un hermoso pueblo del lugar, también ubicado en dicha Sierra, donde para sorpresa nuestra no siempre vivían como lobos, que sería lo habitual, sino que a veces tomaban forma de seres humanos. A esta familia, constituida por un pobre hombre y sus dos hijos, les faltaba la presencia de una mujer y madre respectivamente, para la ayuda al sustento de una digna profesión y cariño para esos hijos de corta edad, como era el más pequeño de siete y el mayor con nueve años recién cumplidos; presencia muy anhelada, ya que a este hombre que les presento en estos momentos, el protagonista de nuestra leyenda, Jerónimo, no se le veía trabajar ni por la zona, ni en los alrededores en lo más propio del lugar, como: arrendamientos de tierra, recolecta de olivas,…; además de esta habilidad en su forma de ser, los vecinos afirmaban con rotundidad que Jerónimo acostumbraba a tratar con maldad y con depravación a sus paisanos bastetanos. Gracias a eso se las ingeniaba sin problemas para conseguir comida o cualquier otro sustento de ellos que le saciara su gran hambruna, llegando incluso a ser parte de esta estrategia el que por la noche tenga la facultad de convertirse a si mismo y a sus propios hijos en grandes y rudos lobos que como parte de su plan de supervivencia, se comían y destrozaban la mayoría del ganado de algunos vecinos de Benacebada, que con mucha mala suerte en sus habituales andanzas les tocaba vivir la cruel hazaña de Jerónimo; y como es evidente, tenía amenazados a sus vecinos que pensaban que si de día el malvado hombre no se llevara de las casas lo que a él le gustaba para comer, en las semanas posteriores encontrarían en su ganado los estragos del cruel humano. Pero para sorpresa de todos, se cuenta que, una vez, justo en la zona del Barranco de la Tía, la cría de una burra de la misma sierra, se había perdido en ella, fue buscada durante minutos, horas y días, y tras el transcurso de estos dramáticos momentos, su madre, después de buscarla sin éxito, decidió salir a por ella incluso de noche, con el peligro que conllevaba. Para que ya no fuese demasiado tarde la salvación en esta nueva aventura, fue necesaria la ayuda de un conocido nuestro, Jerónimo, convertido en lobo, que sirvió al pueblo con la idea de llegar a nuestro tiempo recordado por la mejor hazaña de toda su vida. Fue entonces, cuando todos los paisanos de éste, sin duda, peculiar personaje se quedaron atónitos, al contemplar cómo, gracias a la ayuda del mismo, en las congeladas noches de nuestra sierra, pasando auténticas penurias, agotados, sin apenas aliento, los dos hijos de Jerónimo aseguraban las palabras que su padre prometió a la burra madre para que ningún otro lobo de manadas próximas consiguiese llegar al manjar preparado para esa noche. A la mañana siguiente la burra corrió desesperada para encontrar su sueño: tener por fin entre sus brazos a su pequeña cría; y tras varios días de grandes búsquedas, apareció la pequeña, pero sus menudas patas ya no se movían como antes, ni tampoco su cabeza, su cuerpo, ni su corazón…. era el aviso del final de un viaje cruel, que sin duda, no tenía consuelo para la pobre madre. A partir de esos momentos, no se supo nada más acerca de ella, no se le volvió a ver en la Sierra de Baza, ni en las pedanías de alrededor, ya que el dolor del querer le había arrebatado su propia vida a los días siguientes de conocer la noticia. Fueron momentos clave en la vida del lobo, que él tampoco olvidará, a pesar de poseer un corazón congelado. Después de largos años, se cuenta que Jerónimo, llegó a su fin en la misma zona que su amiga, durante una noche en la cual un tenaz oso lo devoró a pedazos sin dejar huella de lo sucedido. Tras el suceso, dejó huérfanos a sus hijos adolescentes, hasta el punto de que ellos no pudieron volver a tener un cuerpo, ni unas piernas, ni anduvieron a dos patas, como el resto de los humanos ya que su padre el gran mago que los conducía hacia un nuevo físico, había muerto, y ya nada se podía hacer por un nuevo cambio. Por eso siguieron con su forma y expresiones de lobos hasta el final de sus existencias. A pesar de los estragos que causó “el lobero”, la falta de este dejó un vacío en sus vidas, y quizás también en las nuestras. |