| La encantada de la puerta azul |
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Página 1 de 4 En tierras musulmanas de Vera, y según cuentan las crónicas que nos llegan a través del profesor Carlos Almendros, vivía el alcalde Malic Alabez, rigiendo los destinos de la comarca. La familia de este alcalde -un grupo de moros conocidos como los “Alabaces”- ya se sabe que en los pueblos es muy común llamar a los vecinos por sus motes y por la derivación de sus apellidos como en este caso, era considerada de gran solvencia económica y, en diferentes épocas, habían regido los destinos de ciudades tan importantes como Vera, Mojácar y Purchena. Vera estaba considerada como ciudad fronteriza de la zona cristiana, cuya capitalidad la ostentaba Lorca. La historia hablaría de la batalla de Los Alporchones como lucha decisiva entre dirigentes de ambas zonas y el trágico final hallado por Malic Alabez. Pero entremos a analizar el contexto de esta leyenda. La hija de Malic Alabez quedó profundamente dolida tras la muerte de su padre, a quien quería muchísimo y, como ya no quería saber nada de los hombres, a quien creía culpables de la muerte y de su estado irreversible de tristeza y desolación, se refugió en una cueva de la zona, que era casi inaccesible, enclavada en la parte más alta de una gran roca, en un paraje que, posteriormente, fue conocido como la “Puerta Azul”. Muchos años pasó, por voluntad propia, recluida en su destierro y en su encierro. Durante el tiempo que la chica estuvo recluida se pasaba los días llorando y preguntándose por que le había ocurrido eso a ella. Hasta que un hecho cambió su particular ostracismo. Transcurrieron los primeros meses del año 1488 y el momento de la Reconquista llevada a cabo por los Reyes Católicos tocaba a su fin. Antes de dar el asalto definitivo al último bastión – el reino de Granada- conocieron de buena tinta que otros reinos querían rendir pleitesía a su causa y rendirse ante ellos, una incursión que llevaba el triunfo a sus acciones ofensivas, ya sin remedio. Las comarcas se iban entregando paulatinamente y, con ellas, las poblaciones menores, que veían que la estrella del Islam declinaba su misión tras años de gloria, sin remisión. El día 10 de junio de 1488 acudieron los reyes Isabel y Fernando a recibir el homenaje de los pueblos de la comarca de Vera, en un paraje conocido como “Fuente de Pulpí”. Y he ahí que el alcalde de Mojácar, importante ciudad por aquel entonces, no acudió al reconocimiento expreso de apoyo a los monarcas. El nuevo Gobernante de Vera, el joven Alabez, hermano de la joven enclaustrada en la cueva, si quería rendir pleitesía a los reyes, y pidió encarecidamente a su hermana que abandonara su ostracismo para mostrar su agradecimiento y cordialidad. Y al parecer, las gestiones dieron sus frutos, pues la joven accedió a la petición fraternal. La joven comprobó el exquisito trato de los reyes, y que en las fiestas y agasajos dedicados a ellos, los notables cristianos que por allá pasaban en nada se parecían al cruel Fajardo, quien asesinara en su día a su querido padre. Así conoció al capitán Garcilaso, un buen muchacho, que quedó gratamente impresionado por la hermosura de la joven mora. Y ésta ya no pensó volver a su exilio voluntario en la oscura cueva. Pero claro, siempre hay una bruja mala -en todas las leyendas que se precien de localizar a una de ellas-. Y en este caso haberlas “haylas”. Y, celosa al parecer de que la mora se fuese con el gallardo caballero, la convirtió en algo que no se dice en las crónicas pero por lo que definitivamente quedó encantada y no de alegría. Y sucedió entonces que la bruja malvada tapó entonces la entrada a la cueva con una losa de color azul. Que de ahí viene el nombre el de la “Encantada de la Puerta Azul”. Bonito color pero no para vivir encerrada de por vida. La joven mora llegó a la conclusión que nunca sería feliz, ya que tanto la muerte de su padre como el encantamiento que le había realizado la bruja le marcarían para toda su vida, puesto que los dos hombres que más había querido en su vida no podía tenerlos cerca de ella. ¿Por qué no nos inventamos un hada que rescate a la bella mora? Se hacen más felices los sueños con estos desenlaces. ¿No creen? Y dicen las crónicas que en la noche de San Juan la imagen de la encantada sale de su cueva para buscar por todos los rincones de Vera a su enamorado. Y quien sabe, a lo mejor un guapo y hermoso galán puede romper un día el encantamiento y que la malvada bruja de la leyenda desaparezca para siempre. |