| La Romería de San Isidro de Albodoluy |
|
|
|
|
En el extremo oriental de la gran comarca de La Alpujarra, en su vertiente almeriense, se encuentra el valle del río Nacimiento, que desagua en el Andarax. A lo largo de sus orillas se sitúan una serie de pueblecitos blancos que basan su supervivencia en la agricultura y en el Plan de Empleo Rural. En el último tramo del río, cuatro pueblos pequeños y muy similares, Alboloduy, Santa Cruz de Marchena, Alsodux y Alhabia, forman la subcomarca del Bajo Nacimiento. Esta comunicación se centra en Alboloduy, que ocupa la cabecera geográfica, por lo que los litigios por el uso y disfrute del agua del río han sido una constante a lo largo de los siglos. El río Nacimiento nace en la provincia de Granada en plena Sierra Nevada, a su paso por Alboloduy divide el macizo montañoso en dos grandes moles, el Montenegro, con el pico del Galayo (1.710 m.) a su derecha y el Mencal, con la Cruz del Mencal (933 m.) a la izquierda. El paisaje se compone de una serie de cárcavas y barrancas siempre forjando un horizonte difícil y atormentado, pasándose de una sequía extrema a una inundación catastrófica. Limitándose los cultivos de regadío a una estrecha franja de terreno, situada a lo largo de los márgenes del río. La economía es de pura supervivencia basada en una agricultura muy anticuada y en una carencia de medios abrumadores. Los principales cultivos son las hortalizas, complementadas con algunos frutales y un resto de almendros y viñedos, recuerdo de lo que, en años anteriores, fue una de sus máximas producciones y por el cual se conoció la excelencia del vino de Alboloduy y, en cierto modo, aún se le conoce, sin embargo la producción se ha trasladado desde las abruptas pendientes del macizo del Montenegro a los llanos relativos del Campillo. Aunque se han encontrado restos de hombres prehistóricos (hachas de piedra pulimentadas) y romanos (cerámica y monedas), podemos considerar que la fundación de la villa de Alboloduy es árabe (hacia comienzos del siglo VIII). No obstante frente a ella, en la margen izquierda del río se encuentra la mole impresionante del Peñón de la Reina, en cuya cima se encuentran restos de habitación datados en tiempos argáricos y cuya máxima ocupación transcurrió durante el Bronce Final (Siglos VIII-VII a. de J.C.). Después de la expulsión de los moriscos fue repoblada por cristianos viejos especialmente de la zona levantina, estando bajo el dominio señorial de la casa de Castilla y posteriormente del duque de Gor. Su población actual está en franco retroceso, según los datos demográficos del año 1995 tiene 845 habitantes, que contrastan con los 2.280 habitantes que llegó a tener en 1910. 2.- Las romerías en el valle del Nacimiento. El valle del Nacimiento es especialmente parco en romerías, durante generaciones se han contentado con asistir a la fiesta del Santo Cristo de Bacares, no sintiendo una especial necesidad de fomentar una romería propia. La más antigua que conocemos es la de San Isidro de Alboloduy. Los habitantes del Camino Real, situado en la confluencia de los municipios de Abla, Abrucena y Fiñana construyeron en 1996 una ermita dedicada a la Virgen del Carmen, todos los años, en el mes de julio, organizan una romería con carros y demás vehículos, mayoritariamente desde Abrucena, hasta dicha ermita. En el curso bajo del río ha ocurrido un hecho similar, un particular ha construido a sus expensas una ermita dedicada a San Isidro en la margen izquierda de la rambla de Gérgal, frente a las ruinas de otra que antiguamente existía en la orilla derecha en el término municipal de Alhabia. Como la actual pertenece a Santa Fe, los dos pueblos han organizado en 1998, el sábado día 6 de junio, una incipiente romería hasta dicha ermita, que, según algunos de los participantes, ha salido tan bien que el año próximo la van a organizar el mismo día del santo, con lo que, posiblemente, tengamos aquí el inicio de una nueva romería, que cuando pasen los años, nadie se acordará como comenzó y, como casi todas, hundirá sus raíces en el tiempo y la leyenda. 3.- La romería de San Isidro en Alboloduy. El festejo que se celebra en Alboloduy no se ajusta a la definición que Rodríguez Becerra hace de las romerías la romería puede definirse como jornada de campo en torno a una ermita o santuario (1985: 87). Si bien la romería de Alboloduy no cumple ninguna de estas afirmaciones, ya que no es una jornada en el campo, dura como máximo tres horas, y no gira en torno a ninguna ermita, sin embrago, en sentido amplio, se puede considerar romería pues se sale fuera del casco urbano y reina una cierta anarquía (no se guardan los requisitos de la procesión), lindando en algunos momentos en el caos. Por ello creemos que se trata de una verdadera romería y como tal es considerada por el pueblo, aunque para algunos puristas no lo sea. La romería de San Isidro de Alboloduy ¿Es un espectáculo? o ¿Es una fiesta? El contestar a estas dos preguntas puede resultar complejo, ya que, visto desde fuera, puede parecer un espectáculo folclórico, pero si nos adentramos en el núcleo de la romería vemos que la participación de los habitantes del pueblo es mayoritaria. El público espectador se compone en gran parte de gente que no vive habitualmente en la localidad, pero que viene ex profeso para la ocasión y de numerosos forasteros que tienen amigos o conocidos en el pueblo y han oído hablar a los mismos sobre ella. Por tanto se puede considerar que es una fiesta ya que es el pueblo quien la organiza y quien participa activamente en ella, cumpliendo plenamente algunas de las funciones sociales, económicas, lúdicas, etc., de toda fiesta. 3.1.- Inicios de la fiesta. Aunque para los vecinos del lugar, la fiesta viene de tiempos antiguos, su origen es relativamente reciente. Surgió a raíz de la compra de la imagen de San Isidro por la Hermandad de Labradores, ya que en las décadas de los cuarenta y cincuenta se estaban reponiendo las imágenes que habían sido quemadas en la guerra civil, con la idea de celebrar una fiesta en la que se saliera fuera de la población y el sacerdote bendijera los campos, lugar donde los agricultores realizaban su trabajo. Al parecer la romería como tal se inició en el año 1957, concretamente el 15 de mayo festividad del Santo. Según cuentan los informantes, la idea y la organización de aquella primera romería, correspondió al cura párroco D. Enrique Arriaga Agüera y la maestra de la localidad Dª Adriana Guil Saez. El sacerdote se encargó de la parte religiosa y la maestra de asistir con sus alumnas más pequeñas vestidas con un esbozo del traje típico que posteriormente se desarrolló plenamente. Aquel año fueron escasas las caballerías participantes engalanadas, pero en años posteriores fue haciéndose más masiva. Poco a poco fue consolidándose la fiesta. La noche de la víspera (el día 14) se celebraba una verbena amenizada por la banda de música local, quemándose en el transcurso de la misma un castillo de fuegos artificiales. Al día siguiente se realizaba la romería, siempre por la tarde, con caballerías engalanadas con mantas multicolores y jarapas alpujarreñas. Las imágenes de San Isidro y la Virgen de Fátima eran portadas a hombros en andas, detrás de ellas marchaba el sacerdote acompañado por las autoridades de la Hermandad de Labradores y Ganaderos que se hizo cargo de la fiesta hasta años recientes en que dicha Hermandad desapareció. El sacerdote se subía a la Pasarela y desde su centro, acompañado por las imágenes, bendecía los campos y al público asistente que aguardaba en el seco lecho del río. Durante muchos años el cortejo lo cerraba la banda de música que iba amenizando el recorrido con marchas procesionales. 3.2.- Desarrollo de la romería. Para propiciar la asistencia del mayor número de vecinos, desde hace varios años la romería se celebra el sábado más cercano al día 15 de mayo. Al desaparecer la Hermandad de Labradores se encargó de su mantenimiento el Ayuntamiento, que, en aquellas fechas, pertenecía a la U.C.D. Cuando el Partido Socialista ganó las elecciones locales en 1986, continuó haciéndose cargo, pero solamente de la parte profana, es decir que costea el conjunto músico-vocal que ameniza la velada y la zorra que se quema a la finalización de la romería. Un grupo de vecinos, allegados a la iglesia, se ocupan de organizar los actos religiosos, fijar la hora de la misa e intentar controlar la romería, sobre todo antes de la bendición de los campos. En ocasiones cada grupo ha ido por su lado sin ponerse de acuerdo, celebrándose la misa y romería en un día y la quema de la zorra y la verbena en otro. Afortunadamente parece ser que, en la actualidad, hay mayor conexión entre ambos organizadores. El alcalde, con algunos concejales y jóvenes voluntarios, sale el domingo anterior de puerta en puerta pidiendo dinero para costear la fiesta, cada vecino da lo que considera oportuno que, por desgracia, nunca es suficiente, a criterio de las autoridades “pedigüeñas”. Al atardecer se celebra la misa dentro de la iglesia parroquial, mientras la plaza se va llenando de tractores engalanados con plantas verdes , flores y objetos típicos agrícolas: calabazas, carburos, cestos, etc. En ocasiones, cada vez más abundantes, se hacen grandes panes que se cuelgan para ir cortando trozos. Cuando acaba el oficio religioso se colocan las imágenes de San Isidro y de la Virgen de Fátima sobre un tractor, generalmente el más grande de todos, comenzando seguidamente la romería. Hace algunos años los tractores, conducidos y ocupados mayoritariamente por jóvenes ataviados con el traje típico de Alboloduy, iniciaban la estruendosa marcha, que, a través de la Rayuela les llevaba al seco cauce del río Nacimiento. Allí se detenía la comitiva, el sacerdote, acompañando a las imágenes, subía al puente y desde el centro bendecía a los participantes y a los campos. Acto seguido la romería emprendía el regreso subiendo por el puente, pasando por la Fuente y finalizando en la plaza de San Juan. Durante todo el recorrido los romeros ofrecían vino y comida, que portaban en los tractores, a los espectadores. 3.3.- Cambios estructurales actuales. Varios son los cambios que se han producido a lo largo de los años y que han afectado al desarrollo de la fiesta, unos por transformación del entorno y otros que han surgido del interior de la misma romería. El primero se debe a la desaparición constante e irreversible del ganado mular y al auge, más que evidente, del aumento de los tractores y motocultores que han desplazado totalmente a los primeros, por lo que de ser una romería compuesta por mulos y burros engalanados que marchaban detrás de los santos en masa, se ha pasado a una ruidosa y larga fila de tractores decorados de forma original, que marchan ordenadamente delante de los santos, arrojando humo y llenando el aire con los sonidos broncos de los motores. Este cambio ha traído otra desaparición. Cuando las imágenes eran llevadas a hombros, delante de las caballerías, la banda de música participaba en la comitiva, alegrando los aires con sus vibrantes sones. Al imponerse las máquinas se decidió que la banda no participara ya que la música no se oía con el ruido de las máquinas. Ha adquirido un papel destacado el carruaje que engalanan los jóvenes que ese año se han medido como quintos, son los más ruidosos, los que más vino beben y, en general, se hacen notar en el seno de la fiesta. La romería ha tenido varios recorridos que poco a poco se han ido modificando por unas u otras circunstancias. Cuando se iba a pie se salía de la iglesia y se marchaba a la Plaza Vieja, desde allí se bajaba por el río, hasta llegar a la antigua Pasarela donde se paraba la comitiva, el sacerdote subía a la misma y bendecía los campos y a los asistentes, por este hecho recibía mil pesetas que le pagaba la Cámara Agraria, organizadora de la romería en aquella época. Cuando el Puente sustituyó a la Pasarela, la romería tomó otro rumbo. Salía de la iglesia y por la Rayuela llegaba al río, lo cruzaba y por el callejón de la Almazara salía a la carretera, desde allí al nuevo puente, desde cuyo centro el sacerdote realizaba la susodicha bendición y el regreso a la iglesia por la Fuente. Cuando en los años ochenta se construyeron los muros de defensa del río ya no se pudo usar el paso por el citado callejón de la Almazara. Se subía por el río hasta el Puente, allí paraba la romería. Después de la bendición, se seguía río arriba hasta llegar a la altura del Peñón de la Reina, la comitiva entraba en la Carretera Nueva y enfilaba hacia el Puente para regresar a la iglesia. Al construirse un nuevo puente a mediados de los años noventa y cerrarse al tráfico el antiguo, la romería ha tenido otra vez que cambiar su itinerario, que aún no se ha configurado ya que, en el año 1998, su recorrido ha sido totalmente caótico y descontrolado, de tal manera que ha sido la romería que más tiempo ha estado en la calle, normalmente para las nueve de la noche ya se finalizaba, ese año finalizó cerca de las once. Los cambio más importante han sido el gran aumento de la participación y el auge adquirido por la gastronomía local. En un principio eran pocos los hombres que participaban y menos ataviados con el traje típico. Las escasas mujeres que sí lo hacían, llevaban un canastillo adornado con flores y lleno de frutos del tiempo, especialmente níspolas y huevos cocidos, que se comían durante el recorrido. Fue a mediados de los años ochenta, concretamente en 1984, cuando un grupo de amigos, encuadrados dentro de la Asociación Cultural “El Galayo”, decidieron intervenir más activamente y encauzar la romería para darle más agilidad y dinamismo. Participaron con dos tractores engalanados e introdujeron una novedad que, en cierto modo, fue una sorpresa. Al acabar la romería y mientras preparaban la zorra, colocaron los dos tractores en la plaza de la Iglesia y comenzaron a asar carne en un fogón dispuesto al efecto, repartiéndola entre todos los que quisieron acercarse, acompañando la carne y otras vituallas con vasos de vino del pueblo. Al año siguiente, al ser aceptada esta iniciativa, en lugar de dar la comida parados después de la romería, fueron repartiéndola durante el transcurso de la misma. En un principio los demás participantes eran muy remisos a regalar su comida a los espectadores, pero progresivamente fueron emulando el hecho y en la actualidad es un derroche de comida y bebida el que se ofrece y consume a lo largo de la romería. Por supuesto que las mujeres no llevan ya el típico canastillo de mimbre, pues tienen que tener las manos libres para ir repartiendo comida a diestro y siniestro. Encontramos en esta romería un cierto “desorden festivo” como muy bien señala el sociólogo Enrique Gil (1991: 55) ya que se contravienen todas las normas que rigen el orden en una procesión clásica, detrás de la cruz parroquial marchan los niños a un lado, las niñas a otro, detrás, en dos filas, las mujeres y a la zaga de la última imagen procesionable, los hombres en multitud . Sin embargo en la romería se transgreden todas las normas establecidas y al estar gestándose otras específicas para esta romería, se instaura un caos, en cierto modo ordenado. No dudamos que en los años venideros, cuando quede decidido el itinerario fijo se podrá reconducir la romería, para que, sin perder su espontaneidad, pierda algo de ese caos organizativo que la ha caracterizado en las últimas ediciones. Ese “desorden festivo” alcanza su cenit al finalizar la romería, ya que hay que alejar rápidamente los tractores y aparcarlos lejos del centro del pueblo, pues inmediatamente se pasa a la quema de la zorra de fuego que comienza a arder en la plaza de San Juan Bautista, que tradicionalmente se ha llamado de Abajo y actualmente de los Caballicos, por la fuente que han construido en su centro. Con este acto sí es verdad que se trasgueden todas las normas, ya que los jóvenes que la transportan, intentan por todos los medios que los cohetes “rateros” que continuamente salen de la “zorra” envuelvan a los espectadores que huyen a la carrera por las calles colindantes. Tal aprecio se hace a esta quema, que son cada vez más numerosos los visitantes de otros pueblos y de la capital Almería, los que se acercan a correr la zorra, eso sí, la estructura de aluminio y caña, solo puede ser transportada por jóvenes de la población, nunca ningún forastero se ha atrevido a llevarla, no ocurriendo así con los jóvenes de Alboloduy, que en los escasos pueblos de los alrededores que queman “zorras”, siempre intentan llevarlas ellos, con los consiguientes enfrentamientos violentos con los habitantes de las otras poblaciones. El día festivo finaliza, como lo hacen la mayoría de las fiestas actuales, con una verbena en la plaza, amenizada por un conjunto musico-vocal que toca hasta altas horas de la madrugada, mientras los vecinos bailan a sus sones. 3.4.- Futuro de la fiesta. Estos cambios que se están efectuando, no sólo no desvirtúan la romería, sino que la potencian. Cada año aumentan los tractores engalanados y el personal participante lo hace vistiendo el traje típico de Alboloduy, lo que llena la fiesta de un intenso colorido. Al igual las personas de edad madura participan vestidos, no será difícil que en los próximos años los participantes serán mayoría, disminuyendo progresivamente los espectadores. 4.- Conclusiones. Esta fiesta, eminentemente religiosa, que surgió del seno de la Hermandad de Labradores ha ido evolucionando progresivamente Aunque en sentido estricto no se puede considerar una romería, en sentido amplio, el pueblo llano sí la considera. Los cambios ocurridos en el seno de la fiesta, aunque la hayan desvirtuado en algo, la han potenciado hasta el extremo de alcanzar el auge que hoy tiene. 5.- Bibliografía. CASADO ALCALDE, A.; CHECA OLMOS, F. y GARCÍA GONZÁLEZ, A. 1989 “Reproducción de identidades en la romería del valle del Zalabí (Granada)”. En Álvarez, Buxó y Rodríguez (Coords.) La religiosidad popular. III. Hermandades, Romerías y Santuarios. Barcelona, Anthropos-Fundación Machado; págs. 112-127. CASTÓN BOYER, P. 1985 “La religiosidad tradicional en Andalucía. Una aproximación sociológica”. En Castón Boyer La religión en Andalucía (Aproximación a la religiosidad popular). Sevilla, E.A.U. GIL CALVO, E. 1991 Estado de fiesta. Madrid, Espasa-Calpe. MATARÍN GUIL, M. F. y ABAD GUTIÉRREZ, J. 1995 Etnografía y folklore en un medio rural. Alboloduy (Almería). Almería, Instituto de Estudios Almerienses-Ayuntamiento de Alboloduy. RODRÍGUEZ BECERRA, S. 1982 “Métodos, técnicas y fuentes para el estudio de las fiestas tradicionales populares”. En Honorio M. Velasco Tiempo de fiesta. Ensayos antropológicos sobre las fiestas en España. Madrid, Tres-Catorce-Diecisiete; págs. 28-42. 1985 Las fiestas de Andalucía. Sevilla, E.A.U. |