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Página 1 de 2 VIRGEN DEL PATROCINIO, segundo fin de semana de noviembre, destacando la representación de Moros y Cristianos, fiesta costumbrista y folclórica. Se celebra "desde siempre" según las personas del lugar, produciéndose pocos cambios a lo largo del tiempo. Mantienen los mismos trajes o parecidos para "las relaciones", actos religiosos y costumbres arraigadas como bailes populares, juegos lúdicos y numerosos cohetes. Han desaparecido del programa el castillo de fuego artificiales y las corridas de toros, debido a la despoblación de estos pequeños pueblos de los Filabres. Es destacable la procesión de la Virgen acompañada de la banda de música y actividades diversas como corridas de sacos, tiro al plato y juegos para niños, pero destaca, por su tradición, belleza plástica y diálogos con tanta historia los combates entre MOROS Y CRISTIANOS. Es el ritual de siempre pero que interesa a los asistentes, sobre todo a los que conocen los textos y los van siguiendo durante la narración. El primer día ganan los moros como es tradicional y se adueñan de la Imagen, el segundo serán los cristianos los que la rescatarán entre el entusiasmo popular. Este día aparece un personaje muy peculiar, el cojo con la burra que recita poesías, con la cara pintada y el cuerpo cubierto con una sábana sucia. Son protagonistas de la fiesta los cohetes, burras (moros y cristianos), vestidos típicos, fuegos artificiales y la banda de música.
El conjunto festivo puede considerarse de interés antropológico histórico en un pequeño, entrañable y bello pueblo de la sierra almeriense. Los juegos con la bandera, corridas de burros, el juego de la peseta en la sartén, juego del gallo, el Pelotero, forman parte de una relación de tradiciones con mucha fuerza en la zona. En las "relaciones" participan 8 personas del pueblo, 4 en cada bando, siendo en la actualidad necesario por falta de jóvenes que los participantes estén viviendo fuera del pueblo. Durante el acto de las recitaciones se produce un hecho de gran emoción y belleza por su colorido. Consiste en que algunos participantes mueven insistentemente y con gran arte las banderas de ambos bandos, siendo uno de los momentos más esperados y emotivos. "En 1962, (A.H.P.AL, Leg.530), aparece en el programa el popular y tan extendido Juego de Pelota de la Sierra de Filabres -lamentablemente perdido en la actualidad-, además de cucañas y actos religiosos". En otro momento de las fiestas se van alternando juegos de habilidad para el entretenimiento de los jóvenes; se pude destacar el juego de la peseta en la sartén, que consiste en pegar monedas en la base de la sartén y los jóvenes con las manos atadas tienen que intentar despegar las monedas de la sartén sólo con la boca. Son momentos de sonrisas y a veces carcajadas por el estado en el que queda la boca y los alrededores de los participantes. Lo que se valora más que el dinero es la habilidad y desenfado del joven que con ello quiere destacar y agradar ante su moza.
Otro acto con gran tradición popular y siguiendo la costumbres de los pueblos de la comarca, que introducían en las fiestas la diversión con animales, encontramos en Olula una variante del juego con el gallo. Enterraban al animal dejándole sólo la cabeza descubierta y los jóvenes, con los ojos cerrados y provistos de un palo intentaban darle en la cabeza y una vez conseguido se lo entregan como premio. Aunque el hecho puede parecer desagradable por el maltrato a los animales, forma parte de la diversión en una época con unas costumbres determinadas. De especial interés y quizás podemos encontrar algún parecido con el Cascamorras de Baza Guadix, por estar relacionada esta parte de Filabres con el señorío de Los Enríquez de Baza, ya que la organización del hecho es similar y sólo se diferencia en el traslado de lugar en Guadix Baza y la permanencia en Olula. Es similar en cuanto que ambos, el Cascamorras y el PELOTERO, representan un personaje atípico de sus respectivos lugares, desprotegido y humillado por los demás. Consiste lo fundamental de la fiesta en el recorrido junto a la procesión del pelotero (una persona del lugar vestida con ropas extravagantes, la cara tiznada y una bola colgante de trapo para defenderse de las bromas de los asistentes). Impone temor, respeto, miedo y diversión, pero conlleva tradición histórica de la forma de ser de un pueblo. Como la persona encargada de interpretar el pelotero tenía que soportar durante el trayecto una fuerte actividad física tiene que estar muy en forma y además animarse con continuos tragos de anís que un amigo le va sirviendo. Han sido peloteros destacados en los últimos años Manuel Jamete y Daniel Nieto.
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