En Castro, tierra de los señoríos históricos que pertenecieron a Enrique Enríquez y al Marqués de Aguilafuente posteriormente; frío y azul, blanco y montañoso, celebraba su fiesta principal, hasta el año 1.980, los días 6 y 7 de octubre, en honor de su patrona la Virgen del Rosario. Posteriormente se traslada la fecha al fin de semana para facilitar la asistencia a los residentes en otros lugares de la provincia; organizan bailes en la plaza, concursos de juegos de cartas, cucaña, carreras de cintas, etc., y una solemne procesión, al finalizar la misa, que está muy arraigada entre las gentes del pueblo y cercanías. Los vecinos colaboran con el Ayuntamiento en los gastos que ocasionan los distintos actos festivos. El primer fin de semana de agosto se celebra la fiesta denominada "DÍA DEL EMIGRANTE", aprovechando la visita en vacaciones de los residentes en otras provincias y en el extranjero, pero oriundos de Castro: "jornada de reencuentro de amigos, vecinos y visitantes".
Su pequeña, pero armoniosa iglesia del siglo XVIII, destaca por su sencilla armadura de par y nudillo y tirantes dobles de madera o metálicos. Alberga a la imagen de la Virgen del Rosario, talla de pequeñas proporciones que según la leyenda "fue salvada por el amor del pueblo", al permanecer escondida en un cortijo durante tres años.
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